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30 de noviembre de 2012

La casa museo de Lope de Vega en Madrid.


Cuando se cumple el 450 aniversario de su nacimiento, entramos en la casa del número 11 de la calle Cervantes, donde Lope pasó los últimos años de su vida.



Es la típica vivienda común del siglo XVII. El poeta vivió en ella los últimos veinticinco años de su vida,  con su segunda esposa, Juana Guardo, hasta su fallecimiento en 1635. El inmueble lo heredó una hija y posteriormente un nieto, quien la vendió en 1674. Tras pasar por diferentes propietarios y al no tener herederos, pasó en 1931 a la Real Academia Española, su actual propietaria, que la destinó a Casa-Museo de Lope de Vega.






El zaguán donde, de frente, está la escalera que nos llevará a la primera planta. 





Subiendo por la escalera llegamos al estudioEs la estancia más amplia de la casa y una de las más luminosas, debido a los grandes ventanales. De ella, merece destacar el importante fondo bibliográfico del siglo XVII que alberga en sus estanterías: un depósito realizado por la Biblioteca Nacional, así como tres de sus manuscritos, propiedad de la Real Academia Española, “El bastardo Mudarra”, “El príncipe despeñado” y “La desdichada Estefanía”.





Esta es la alcoba donde murió Lope de Vega, ya anciano. Desde ella podía oír misa en el cercano oratorio.






El  comedor se trata de una estancia bastante amplia y luminosa, al igual que ocurre con el  estudio, gracias a los ventanales. Está presidido por una gran mesa rodeada de sillas y amueblado con un mobiliario típicamente español.




A un lado del comedor, encontramos la cocina, en ella, podemos ver la recreación de una cocina típica de aquella época.


 El cuarto de huéspedes, también conocido como Cuarto del Capitán Contreras, invitado habitual de Lope de Vega. 







El estrado,  una estancia muy característica del Siglo de Oro que tiene su origen en Oriente. En ella, quienes vivían o visitaban la casa se sentaban en los cojines con las piernas cruzadas o se recostaban en las alfombras. Posteriormente, esta estancia pasa a ser única y exclusivamente femenina. 



A la salida, desde el zaguán y dejando a un lado la escalera por la que se ascendía a la casa , veremos la puerta de acceso al jardín. El  que  Lope  llamaba “mi güertecillo”, hoy un remanso de paz que nos aleja por completo de la vida fuera de la casa. 



               



Os dejo también este interesante artículo de Patricia Ortega que nos acerca a la personalidad de Lope de Vega.


PATRICIA ORTEGA DOLZ. 23/11/2012 16:51


Amó a tantas que… fue desterrado ocho años de Madrid, perpetró el secuestro consentido de una de sus amadas antes de marcharse, fue padre de hijos legítimos e ilegítimos (al menos 12 reconocidos con tres mujeres distintas), se casó dos veces (una por poderes), engañó a todas y hasta se hizo sacerdote para calmar, sin éxito, sus pasiones y, sobre todo, para garantizarse la vejez. La vida amorosa de Félix Lope de Vega y Carpio (Madrid, 1562-1635) supera con mucho la de cualquiera que pueda aparecer hoy, en pleno siglo XXI, en una revista del corazón.

En el caso del escritor del barroco, con más mérito si cabe, teniendo en cuenta que su vida se desarrolló en los siglos XVI y XVII, con la Santa Inquisición a la vuelta de cualquier esquina. Es imposible entender la trayectoria y la obra de este auténtico ingeniero del amor sin sus mujeres. La intensidad con la que el autor madrileño vivió sus aventuras amorosas es, en gran parte, la causante de su vasto legado: 1.800 comedias, 3.000 sonetos, tres novelas (y cuatro cortas), nueve epopeyas… Se celebran los 450 años del nacimiento de este “monstruo de la naturaleza”, como le bautizó su coetáneo y rival Miguel de Cervantes. Recorremos el Madrid del Fénix de los Ingenios, el Madrid de la movida de los ochenta (del siglo XVI), romance a romance, mujer por mujer, amor por amor.

La casa de Lope, ubicada en el número 11 de la calle que hoy tiene el nombre de su mayor contrincante intelectual, Cervantes, no es la casa en la que nació, sino donde vivió los últimos años de su vida, con los cuatro hijos que le quedaban de sus tres últimas mujeres. Antonia Clara, hija de la joven Marta de Navares (la Marcia Leonarda de las novelas), su último amor y gran compañera —y antes de ello amante, hasta que enviudó—; Feliciana, heredera legítima de Lope e hija de su segunda esposa, Juana de Guardo, que falleció en el parto; y Marcela y Lope Félix, dos de los hijos que tuvo con su amante más sólida, la actriz Micaela de Luján, a la que se trajo de Sevilla a Toledo y luego a Madrid para mantener a “las familias” unidas, la matrimonial y la extramatrimonial, aunque fuera en viviendas separadas.

En aquellos tiempos, aquella casa de dos plantas de la calle de Cervantes era una residencia modesta de las afueras de la ciudad, casi campestre. De ahí su huerto y su pozo, que ahora forman parte del agradable jardín interior de la vivienda, en el corazón del barrio de Huertas. Hoy es casa museo y es el centro neurálgico de las actividades con las que se homenajea al gran dramaturgo del Siglo de Oro este fin de semana, y que incluyen conferencias y visitas guiadas dramatizadas.

Lo cierto es que la vida de Lope en Madrid arranca cerca de la calle Mayor, en los alrededores de lo que hoy es el Mercado de San Miguel, concretamente en la calle de Bordadores. Según contó él mismo, llegó al mundo —el cuarto de cinco hermanos— como consecuencia de los celos de su madre, que persiguió a su padre, un bordador llamado Felix de Vega —cántabro como ella, para más señas— hasta Madrid para rescatarlo de los brazos de una supuesta amante. La reconciliación acabó en el alumbramiento, nueve meses más tarde, de uno de los autores más prolíficos de la literatura universal. Un plebeyo que se hizo noble con la pluma y que disfrutó de su fama en vida, cuando siendo aún un jovencillo, sus romances, como los de Góngora (enemigo declarado) se cantaban por las calles de Madrid, del mismo modo que se entonaban en los ochenta las canciones de Antonio Vega o Los Secretos. De ahí que estudiosos como José Fernández Montesinos hablen de esa época como de la movida del XVI.

Madrid se convertía por entonces, en 1562, en Villa y Corte, con el consecuente traslado de muchas familias de la nobleza. Había, por eso, mucho trabajo para los bordadores: tapices para decorar palacios y casas, sillas y sillones que tapizar, cortinas… Lope fue bautizado en la iglesia de San Miguel, donde está el mercado, y estudió con los jesuitas en lo que es hoy el instituto de San Isidro.

Discípulo aventajado del poeta y músico Vicente Espinel, Lope escribió sus primeros versos con cinco años y, a los 12, su primera comedia, cuyo título parece ser premonitorio: El verdadero amante. Fue el obispo de Ávila, don Jerónimo Manrique, que ejercía como una especie de mecenas del talento juvenil para la Iglesia, quien le consiguió la beca para que estudiara en la universidad de Alcalá de Henares.
Sin embargo, sus tempranos escarceos amorosos le impidieron acabar el bachiller. Lope se puso a trabajar de secretario de aristócratas, como el Marqués de Navas, y a escribir comedias para compañías teatrales, como la de Jerónimo Velázquez, que trabajaba con los teatros de la corte y que era el padre de quien sería su primer gran amor: Elena Osorio (Filis).

Tenía 19 años y sus visitas al barrio de Lavapiés, donde vivía su amada (ya casada), se convirtieron en cotidianas durante cuatro años: en parte por la entrega de sus obras para la compañía, en parte por el arrebato de amor y, en parte también, para bloquear el paso a tanto pretendiente osado. Fue inútil. Es conocida la “generosidad” con la que Elena Osorio respondía a los favores y regalos de sus conquistadores. Ni su fama, ni las exitosas representaciones de sus comedias en los principales teatros, el del Príncipe (hoy el Teatro Español) y el de La Cruz (en la calle Espoz y Mina), sirvieron para que su Filis, ya viuda, se decantara por él. Su primer gran amor escogió a un hombre bien posicionado para volver a casarse.

El despecho desató la pluma herida de Lope que puso negro sobre blanco aquellos famosos versos que le costaron un destierro de ocho años de la Villa y otros dos del reino de Castilla: “Una dama se vende a quien la quiera. / En almoneda está. ¿Quieren compralla? / Su padre es quien la vende, que aunque calla, / su madre la sirvió de pregonera…”. En una época en la que solo había cronistas oficiales, ni periódicos ni revistas, él dio con su particular gallina de los huevos de oro y se había convertido en el cronista dramático de sus propias vivencias, en narrador privilegiado de su tiempo.

Se fue de Madrid, sí, a los pocos meses, pero no sin antes raptar a la que amó después. Amenazado con la pena de muerte si no cumplía el dictamen judicial, Lope se fugó con su segundo amor, Isabel de Alderete y Urbina (Belisa). Huyó con ella y con su anuencia para casarse por poderes en mayo de 1588. El consentimiento del matrimonio “a distancia” le supuso irse a la conquista de Inglaterra con la Armada Invencible y regresó, derrotado, a Valencia, donde comenzó la vida conyugal. Pero Belisa murió en el parto junto a su bebé en 1594. Lope se quedó solo cuando faltaban meses para que pudiera regresar a Madrid. Y lo hizo.
Le faltó tiempo para ser acusado de amancebamiento: le pillaron in fraganti con la actriz viuda Antonia Trillo, según los documentos que se conservan de aquel pleito. “No tenemos constancia de adonde vuelve, pero era una época en la que mucha gente no tenía casa propia, vivían con los nobles a los que servían o en posadas, como Quevedo que, aún teniendo casa, la alquilaba… Eran poetas y escritores de mesón", explica el catedrático Felipe Pedraza, ponente en las jornadas que arrancan hoy.

Al poco tiempo de regresar a la Villa, en 1597, Felipe II cierra los teatros en señal de luto por la muerte de su hija Catalina de Saboya. El rey muere después y el luto se prolonga dos años. Y aquí es donde entra en escena el ingenio del Fénix que, pese a mantener relaciones con la actriz (primero casada y luego viuda) Micaela de Luján (Lucinda) afincada en Sevilla, se casa con Juana de Guardo, hija de un adinerado carnicero de la corte.
La boda de Felipe III en 1599 vuelve a levantar el telón de los teatros madrileños y Lope escribe profusamente para mantener a dos familias. Consigue reunirlas en Toledo primero y después en Madrid, donde compra la casa de Huertas para la familia oficial, y alquila otra en una calle aneja para la extramatrimonial. La muerte de todas sus mujeres reúne a los cuatro hijos vivos en la casa donde el dramaturgo acabará sus días.

Aunque sus huesos fueron a parar a un osario común, su entierro en el cementerio anexo de la Iglesia de San Sebastián fue multitudinario. Y, según consta en las crónicas de la época, propio de un “verdadero amante”: había más mujeres que hombres.






Antiguas fotografías de la iglesia con el cementerio al lado, hoy desaparecido.



Actual iglesia de San Sebastián en Madrid.

26 de noviembre de 2012

El Museo del Romanticismo



El Museo Romántico fue creado por  Benigno de la Vega-Inclán, II Marqués de la Vega-Inclán (1858-1942), por donación al Estado en 1921, después de haber presentado un conjunto importante de cuadros, muebles y objetos de su propiedad, en una exposición organizada por la Sociedad de Amigos del Arte, como anticipo de lo que sería el futuro museo.


Museoromanticismo.jpg

Estos fondos se instalaron, desde el principio, en su actual sede, en el número 13 de la calle San Mateo de Madrid, en un edificio construido en 1776 bajo la dirección del arquitecto Manuel Rodríguez.

Se inauguró el Museo en el año 1924, con obras pertenecientes a su fundador, a las que se añadieron donaciones y depósitos de personalidades del momento, como los dos cuadros de Alenza donados por el Marqués de Cerralbo y objetos pertenecientes a grandes literatos como Mariano José de Larra o José de Zorrilla. 








Museo del Romanticismo-dormitorio femenino
 La cama tiene un gran dosel,  y delante  una cuna para el el más pequeño de la familia. Los cuadros  se han dedicado a la mujer, como esposa y madre.



                                      Museo del Romanticismo-sala de literatura y teatro
 Esta sala se ha dedicado esta sala a la memoria de Larra como representante máximo del Romanticismo español. Encontramos varios objetos utilizados por el propio Larra, así como un retrato del autor realizado por José Gutiérrez de la Vega y Bocanegra en 1835.


Retrato de Larra. 


El Museo fue objeto de un vivo interés por parte de los más grandes intelectuales del momento, como José Ortega y Gasset o el Marqués de Lozoya. Con posterioridad, durante la Guerra Civil, la importancia de la institución quedó subrayada por el hecho de nombrar como director del Museo Romántico a  Rafael Alberti, con lo que quedaba garantizada la protección del rico patrimonio custodiado en él. En 2009, tras una esplendida rehabilitación, abre de nuevo sus puertas.

Con el transcurso de los años, la colección del Museo ha ido enriqueciéndose con todo tipo de adquisiciones, donaciones y depósitos, que completan la visión que quiere ofrecer a sus visitantes: En este caso un grupo de alegres jóvenes, solo una muestra del numeroso grupo que ha visado en estas últimas semana el Museo Romántico.




Produce una inmensa alegría comprobar que siguen interesados por lo ocurrido en otras épocas, a otras gentes, en otras situaciones... Porque es a través de lo que ha sobrevivido, como podrán descubrir sus propios sentimientos, apreciar lo que su vida les ofrece y buscar aquello que todavía sueñan alcanzar.




http://www.museoromanticismo.mcu.es/


19 de noviembre de 2012

Marie Blanchard en el Museo Reina Sofía.

Marie Blanchard nació en 1881 en el seno de una familia de la nueva burguesía  de Cantabria. Su padre fue el fundador del diario liberal El Atlántico que dirigió durante diez años. De posición acomodada, esta pintora se movió  en un medio muy culto que influiría decisivamente en su formación artística.  Fue su padre el que le inculcaría el amor por el arte, cultivando desde su más temprana edad, sus dotes para el dibujo y su extraordinaria sensibilidad.
Marie viene al mundo marcada físicamente como consecuencia de la caída que sufre su madre, embarazada, al bajarse de un coche de caballos. La deformidad resultante de una cifoscoliosis con doble desviación de columna, condicionará desde su nacimiento su destino y la devoción por su trabajo, llegando a decir "cambiaría toda mi obra... por un poco de belleza".


Paisaje. 1912

En 1903 se traslada a Madrid para pintar con Emilio Sala, luego con Álvarez de Sotomayor y después con Manuel Benedito. Empieza a exponer en Bellas Artes y prosigue sus estudios en París (1909). Para ella París supone esencialmente libertad, la libertad que se manifiesta en su obra en el empleo del color y la expresión, como manifiesta ese Paisaje realizado en 1912.

Mujer sentada.  1916
 Al concluir su primera estancia en París, pasa una temporada en Granada, pero decide para regresar a  París solicitando otra beca a la Diputación y al Ayuntamiento de Santander . Esta segunda estancia parisina será decisiva, porque favoreció el contacto con el círculo de la vanguardia cubista, especialmente con Juan Gris, a ella pertenece esta obra.




Composición cubista. 1919

En 1915, Ramón Gómez de la Serna organiza en Madrid una exposición titulada Pintores íntegros, donde expone Marie Blanchard, y que suscitó todo tipo de comentarios sarcásticos, burlas, y protestas, no solo por parte del público sino incluso por parte de la crítica especializada del momento. Así que tuvo que volver a París, donde vivió en la indigencia, pero con la voluntad de pintar lo que verdaderamente quería. 


Maternidad. 1921-22.
Maríe Blanchard  siguiendo la tendencia cubista, expone en el Salón de los Independientes de París. También en la colectiva Cubismo y Neocubismo en Bruselas.

  
Bodegón oval-Naturaleza muerta con peras. 1925

Gerardo Diego la conoce durante su estancia en París: " A mi me admiraba su clarividencia y su profundo sentido del arte y de la vida..." Se presenta de nuevo en el Salón de los Independientes de París en 1922, obteniendo un gran éxito de crítica.

El niño del helado. 1927

María trabaja incansablemente, pero agotada física y psíquicamente. Gómez de la Serna. su primo, relata este momento:
 " María, fuerte en su estatura contrahecha, ha minado su naturaleza, que cae enferma con una enfermedad de consunción que no hay quién pueda atajar. ´"Si vivo voy a pintar muchas flores", fueron sus últimas palabras de deseo artístico, pero el 5 de abril de 1932, cuando los trenes azules del Sur llegaban llenos de flores, murió la más grande y enigmática pintora de España.


Bodegón. 


Bodegón  con caja de cerillas. 1918.
El artículo que aparece en L´Intransigeant a su muete, resume toda una vida: La artista española, ha muerto anoche, después de una dolorosa enfermedad. El sitio que ocupaba en el arte contemporáneo era preponderante. Su arte, poderoso, hecho de misticismo y de un amor apasionado por la profesión, quedará como uno de los auténticos artistas y más significativos de nuestra época. Su vida de reclusa y enferma, había por otro lado contribuido a desarrollar y a agudizar singularmente una de las más bellas inteligencias de ese tiempo.

 
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En el Museo Reina Sofía, obra de esta artista se presenta con toda su belleza. 
Del 17 de octubre 2012  al 25 de febrero 2013.
Empezando por su primera etapa de formación donde se podrán repasar sus primeros trabajos. Comprendidas entre 1908 y 1914 sus piezas más tempranas muestran como sus maestros le influyeron.
La etapa cubista llega con el esplendor de las obras de una de las pintoras vanguardistas más importantes en España. Esta retrospectiva pretende valorar un trabajo no reconocido de forma suficiente. Entre otros motivos, por su convivencia con otros grandes del arte como Picasso. El total de 35 pinturas y 11 dibujos que se podrán ver en toda la exposición llenarán este segundo paso por su trayectoria.
Por último, comprendido dentro de un movimiento de revisión pictórica, vuelve la María Blanchard figurataiva. Una vuelta a sus antiguos trabajos que caracterizó el período de entreguerras. Dentro de este Retour à l'ordre destacan algunas de sus obras concebidas desde 1927. Fue un año que marcó un cambio en su carrera. Por muchos motivos, entre ellos la muerte de su amigo Juan Gris. 'El niño del helado', dentro de la galería, muestra esa diferencia con otras piezas. 
                                                   http://www.museoreinasofia.es

15 de noviembre de 2012

Un museo que quizás no conozcas: la Fundación Manuel Benedito. Madrid

En la calle Juan Bravo de Madrid, se encuentra esta fundación, constituida en octubre de 2002,  y que tiene la finalidad principal de difundir la obra de Manuel Bnedito, así como exponer  los fondos disponibles, para ofrecer una panorámica de la pintura de este artista.





     

Manuel Benedito (1875- 1963) nació en Valencia , estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos y, después, en el taller de Joaquín Sorolla a quien siempre reconoció como su maestro. Becado en la Academia de Roma entre 1901 y 1904 viajó también por Europa tanto durante su estancia en Italia como posteriormente. Participó en diversas exposiciones en España, en Europa (París, Londres, Munich, Bruselas, Berlín, varias ediciones de la Bienal de Venecia) y América (Filadelfia, Chicago, Cincinatti, Nueva York, Buenos Aires, Sao Paulo, Santiago...). Por su obra recibió diversos premios y homenajes.







Pintor con una sólida formación técnica, mantuvo siempre un ideario estético fundamentado en la admiración por la tradición pictórica española. 



Influenciado en su juventud por el luminismo sorollista e interesado por temas costumbristas, paisajes y bodegones, es conocido sobre todo  por su faceta como retratista.
                          






 




















En pleno vanguardismo,  su obra presenta un equilibrio entre la tradición y la modernidad.



                               






Una pintura regeneracionista que adapta la tradición a las nuevas técnicas.



 La visita a este museo de verdad que ha merecido la pena.

           info@fundacionmanuelbenedito.com 

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