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26 de marzo de 2014

AQUÍ, LAS COSAS SE VEN DE OTRA MANERA.


Aquí las cosas se ven de otra manera.



Aquí, desde el pupitre de una escuela diferente.

Donde el azul,
despierta una jungla de turquesas.



Y los rojos son mares encendidos.

Aquí hay destellos que el verde
recuerda
en las alas del colibrí.



Y los amarillos y violetas,
amuletos,
escondidos en el lugar del arco iris.

Aquí, donde la geometría,
hace tiempo que huyó

del país de la línea prohibida.



Donde la madera es música dormida.
Y el hierro es el fulgor del fuego más profundo.

Donde la piedra es luz
en los abismos del tiempo.



Es aquí, donde la mirada,
es la llave oculta

de la Libertad.

                                                                              JL Fernández.

18 de marzo de 2014

Juan Ramón Jiménez inédito.

Uno de los libros más largamente pensado por Juan Ramón Jiménez fue 'Vida', su autobiografía

La muerte en el exilio del premio Nobel de Literatura dejó inédito un proyecto que ahora ve la luz


El Páis,15 MAR 2014 



Juan Ramón Jiménez, en 1951. / JRJ ÁLBUM (RESIDENCIA DE ESTUDIANTES)
Juan Ramón Jiménez fue uno de los hombres más desdichados y atormentados de su tiempo, habiendo sido también uno de los más grandes. Acaso por eso fue el escritor más combatido y parodiado de todos. “Más calumniado”, dirá él. No creo que ningún otro poeta viviera durante casi sesenta años, desde sus dieciocho, sacudido por ataques tan continuados de pánico, excusados en dolores físicos que lo mismo lo levantaban al vértice de la locura que lo hundían en la desesperación y la misantropía. Un verdadero infierno para un enfermo no siempre imaginario. Tanto como su obra, conmueve su vida, y anonada. Y pese a su extraña enfermedad, o precisamente por ella, escribiendo sin desmayo miles de páginas: poemas, aforismos, retratos, críticas, prosas, ensayos, recuerdos, cartas, conferencias, cuentos… y la mayor parte de ello de primer orden, con mil registros distintos, desde la lírica más exaltada hasta la sátira. “El martirio de escribir”, lo llamará. Nadie trabajó tanto como él, ni los grandes galeotes de la literatura. ¿Cuál fue, pues, la fórmula, cómo pudo entonces hacer posible que una obra tan colosal como esa cupiese en una vida tan rota como la suya? Yo creo que pudo ser esta: “No os toquéis en el dolor”.
La historia de este dolor ve ahora la luz: “Si yo estuviera sano, sería uno de los hombres más grandes del mundo… ¡Ah, si supierais los jérmenes decididos a estallar que llevo dentro! ¡Si yo pudiera emplear mi vida entera en mi pensamiento! ¡Si mi salud igualara a mi voluntad, al ansia de saber, al afán de viajar, de obrar, de aniquilar, de construir!”, confesará.
Fue este uno de sus libros más largamente acariciado y pensado, y otro más de los que truncó su muerte. Le importaba mucho, porque iba a ser la historia de su vida, pero también la de su voluntad: “Me he propuesto que sea, por encima de todo, honrado, exacto y justo”, dirá en uno de los prólogos, y después de decirnos que hace ya mucho que no se desnuda en público leyendo, confiesa: “Hoy me deshueso ante ustedes. Verán ustedes huesos escritos”.
Tras muchos títulos provisionales, tituló este verdadero testamento vital y poético de una forma sencilla: Vida.
Iban a ser mil páginas, y en quinientas se ha quedado en este primer tomo, muchas inéditas (más otras tantas de notas). Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-Puerto Rico, 1958) conocía la importancia de su obra, y por ello sabía que su vida no podía dejarla en manos extrañas.

Empezó a pensar en
este libro hacia 1928: recuerdos,cartas, aforismos,poemas, polémicas, retratos,
en fin: el siglo
Empezó a pensar en este libro hacia 1928: recuerdos, fragmentos de obras anteriores que hacían referencia a cosas de su vida pasada, cartas suyas y de otros, aforismos biográficos, poemas que le dedicaron, polémicas de los periódicos, sueños, genealogías estéticas, políticas y morales, retratos de amigos, familia, enemigos, conocidos y saludados, en fin: el siglo. Porque, y pese a ser un retraído, no hay ningún poeta español que conociera a tantas gentes ni hubo nadie que, pudiendo, no quisiera conocerlo a él. De la suma de todo eso, algo en verdad de locos, papelitos, carpetas, recortes, cajas, quedó este collage. Todo puesto en primer plano, como un presente sucesivo. Porque JRJ no creía mucho en la historia. Decía: la poesía es presente o no es. Y la vida, lo mismo: “Escribir poesía es aprender ‘a llegar’ a no escribirla, a ser, después de la escritura, poeta antes que escritura, poema en poeta, poeta verdadero en inmanencia consciente”.
Todo esto lo cuentan Mercedes Juliá y María de los Ángeles Sanz Manzano en el estudio introductorio, y en los cientos de notas, documentadísimas, que vienen a completar los textos de JRJ. Porque de lo que estamos hablando es de un mosaico del que se han perdido o no se llegaron a escribir muchos fragmentos, pero del que existen otros mil que sus editoras han tratado de ordenar de una manera paciente y respetuosa con la posible voluntad del poeta. Claro que de vivir el poeta este libro no sería así (detestaba las notas, la filología en sus propios libros), pero eso no quiere decir que aquel libro difiriera mucho de este: en los dos casos se parecería mucho a un pequeño laberinto.
Desde luego la intención de JRJ con este libro era, en parte, hablar de sus orígenes, de su familia, de su vida, pero también de sus razones morales, para deshacer en lo posible la leyenda negra que lo persiguió desde muy joven: el sambenito de la cursilería que le colgaron no se sabe muy bien por qué, acaso porque fue un hombre pulcro, un editor exquisito y una persona de conducta recta; el baldón de su excentricidad e intransigencia para con sus contemporáneos (el tiempo le ha dado la razón casi siempre); o lo que se tenían por extravagancias de conducta (su intolerancia al ruido o al humo del cigarro, el trato expeditivo a los pesados, su higiene desaforada, a pesar de terminar diciendo aquello tan gracioso, “a todo se llega, he aprendido a ser sucio, y me parece bien”).
Y él, que tan grandes “caricaturas líricas” nos dejó (tuvo ojo de águila, y como crítico literario, un lince), no quiso dejarse fuera del fresco que pintó: “He sido niño, mujer y hombre; amo el orden en lo exterior y la inquietud en el espíritu; creo que hay dos cosas corrosivas: la sensualidad y la impaciencia; no fumo, no bebo vino, odio el café y los toros, la relijión y el militarismo, el acordeón y la pena de muerte; sé que he venido para hacer versos; no gusto de números; admiro a los filósofos, a los pintores, a los músicos, a los poetas; y, en fin, tengo mi frente en su idea y mi corazón en su sentimiento”. Es decir, poco español.
Esta Vida, es, además, como no podía ser de otro modo, muchas vidas, y JRJ, está atento a lo que los demás veían en él: “Me lo dijo Rubén Darío el primer día que me vio: ‘Usted va por dentro’. ‘Dentro’, esto es para mí lo moderno y universal, porque español, para mí, era ‘lo fuera’. Luego he visto que el ‘dentro’ estaba también en la poesía popular española”.
Y el ir por dentro hizo de él el poeta que conocemos, uno de los líricos más extremados y versátiles, capaz a un tiempo de la conmovedora epopeya rural de Platero y yo o del desgarrado Animal de fondo, pero también ese inadaptado al teatro social que acabó teniendo mil pendencias literarias, siempre que le dejaba en paz la lamentable hipocondría que le obligaba a vivir cerca de una casa de socorro.

Pese a ser un retraído, no hay ningún poeta español que conociera
a tantas gentes ni hubo nadie que no quisiera conocerlo a él
A pesar de lo sincopado del collage, el lector hallará aquí textos clave y sobre todo la “melodía-juanramón”, en la que reconocerá la probidad de alguien cuyo principal defecto fue acaso exigir a los demás lo que se exigía a sí mismo, recordándonos que todo empezó, para bien y para mal, aquel día en que su padre, ya arruinado, murió de forma súbita, siendo él un adolescente. “Yo vivía una doble vida, la de mi vida y la de mi muerte”, dirá de aquellos días. Creyó volverse loco. Lo mandaron a un sanatorio francés, el primero de los muchos por los que pasó a lo largo de su vida, volvió, lo recogieron en otro sanatorio, lo protegieron los hombres de la Institución Libre de Enseñanza, que vieron en él un diamante puro. Se tuvo que volver al pueblo (ni toleraba la vida de la bohemia madrileña ni tenía dinero para vivir con su decoro), pero cuando volvió a Madrid siete u ocho años después, traía en la maleta libros que asombrarían a todos (entre ellos el Platero, que Francisco Giner tenía en su mesilla la noche que murió) y el deseo de construir su vida conforme a una idea que por entonces empezó a cristalizar en un lema (“a la inmensa minoría” […] “Siempre que yo he dicho ‘minoría’ he pensado particularmente en el pueblo. Mi minoría es ‘inmensa minoría’, no se olvide”) y una enseña (el perejil con el que coronaban a los héroes en Esparta, frente al laurel ateniense). Y entonces, 1913, conoció a Zenobia. Un antes y un después en su vida.
Esta Vida suya es imposible leerla sin tener presentes, desde luego, las largas conversaciones que mantuvo durante años con Juan Guerrero Ruiz (Juan Ramón de viva voz) o las que ya en el exilio reflejó Ricardo Gullón en otro libro conversado o el interesantísimo que acaba de aparecer también hace unas semanas (Por obra del instante: recoge cuantas entrevistas y retratos y semblanzas se escribieron de JRJ a lo largo de su vida, muchas de ellas inéditas o desconocidas incluso para aquellos que hemos prestado atención a estos asuntos desde hace tantos años, y todo ello admirablemente editado por otra gran juanramonista, Soledad González Ródenas), pero esta Vida y la vida de JRJ, decíamos, no se entenderían ya sin el admirable Epistolario del propio JRJ, y, sobre todo, los Diarios y el Epistolario de Zenobia Camprubí, el “monumento de amor” que quiso devolverle ella a él (y no debemos olvidar aquella dedicatoria que pensaba poner JRJ al frente de su obra, muerta ya Zenobia: “A Zenobia de mi alma, este último recuerdo de su Juan Ramón, que la adoró como a la mujer más completa del mundo, y no pudo hacerla feliz”), tras toda una existencia juntos “en la salud y en la enfermedad, en el dolor y en la alegría, en la vida y en la muerte”.
Y esto es esta Vida, rota como la de aquellos que decidieron “ir por dentro”: “Bien está el robo de mi trabajo de toda la vida, la ingratitud y la calumnia, el honor de la lista negra, la pérdida ‘oficial’ de la ciudadanía; bien estaría el ‘entierro’ en mi tierra de España. Pero ¡a qué precio! el destierro de mi lengua de España […] No lo puedo soportar porque ‘desterrado’ no tengo lenguas mías alrededor, no soy nadie, estoy más muerto que muerto, estoy perdido”, dirá casi al final, perdido tras la muerte de Zenobia (octubre de 1956) y después de veinte años de un exilio que le llegó ya viejo, solo y más enfermo que nunca.
Por gusto reproduciría aquí cien fragmentos admirables de esta Vidaque hacen aún más admirable su obra. No es posible. Pero sí recordar que esa Obra, cuya mayúscula legitimó con un trabajo de coloso, de héroe espartano, no podemos leerla ya desentendiéndonos de su Vida, porque tal y como hizo una y vivió la otra, las dos vienen a ser lo mismo: ética y estética juntas.

Juan Ramón Jiménez. Vida. Volumen I. Días de mi vida. Edición de Mercedes Juliá y María de los Ángeles Sanz Manzano. Pre-Textos. Valencia, 2014. 884 páginas. 43 euros. Se publica el próximo jueves. Por obra del instante. Entrevistas.Edición de Soledad González Ródenas. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2013. 496 páginas. 25 euros.
La Residencia de Estudiantes publicará en los próximos meses Monumento de amorCartas entre Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí y el segundo tomo de la correspondencia de Zenobia. Por su parte, la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) publicará una biografía de JRJ firmada por Antonio Campoamor González.

13 de marzo de 2014

Gregorio Prieto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Fundación Gregorio Prieto presentan la obra fotográfica del pintor Gregorio Prieto, faceta prácticamente desconocida del artista que se revela como una de las actividades más sorprendentes de este miembro de la academia.
El manchego Gregorio Prieto (Valdepeñas, 1897-1992) realiza durante su pensionado en la Academia de España en Roma (1928-1933) una serie de fotografías de espíritu surrealista en las que aparece él como obstinado protagonista. Concebidas y ejecutadas junto al también becado Eduardo Chicharro, inician de esta manera una colaboración vanguardista sin parangón en la fotografía española de aquellos años.Su devoción a la pintura no fue aprobada por su padre quien quiso para su hijo los mejores estudios y le matriculó en la Escuela Industrial de Madrid donde no aguantó más de tres años. Prieto dibujaba a escondidas y, pese a la inconformidad de su padre, se inscribió en la Escuela de crios de oficio. En 1915 lograría su propósito ingresando en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, obteniendo numerosas becas, como la que le concedieron en El Paular, y realizando sus primeras exposiciones en Barcelona y Madrid. Su primera exposición individual tendrá lugar en el Ateneo de Madrid en 1919.
Sus inmediatos contactos con las vanguardias europeas y las relaciones de amistad con los principales exponentes de la Generación del 27 marcaron su formación artística. Le une una especial amistad con RAfael Alberti, con quien mantiene temprana correspondencia, y a Luis Cernuda. Poco después, en abril de 1924, conocería a García Lorca, a quien retrataría en varias ocasiones, y a Vicente Aleixandre.



 En 1925 se traslada a París para ampliar sus estudios. Es en este periodo cuando tiene sus primeros contactos con el Cubismo y las corrientes surrealistas. Durante su estancia en Francia realiza varias exposiciones y en 1926 participa en la Bienal de Venecia y en el Salón de los Independientes de París. En 1928 vuelve a España para solicitar la beca de estudios en la Academia de España de Roma. Su solicitud será aceptada y estudiará en Italia durante varios años. Allí, siendo director de la Academia Valle-Inclán, completará su formación, realizando varias exposiciones, colaborando con el postista Eduardo Chicharro Briones y relacionándose con De Pisis, Marinetti, Carrà, Giorgio De ChiricoAlberto Moravia, etc.




Numerosos viajes por ItaliaGrecia y Egipto le harán centrarse en un tema que desarrollará más adelante, la arquitectura griega y sus cuadros se pueblan de marineros e iconografía homoerótica. Después de recorrer muchos países europeos, donde realiza numerosas exposiciones, e incluso en Groenlandia, y tras una breve estancia en España, consigue refugiarse en Inglaterra al estallar la guerra civil. Decide fijar su residencia en Londres donde vivirá hasta 1949. Durante esta etapa convivirá con el poeta Luis Cernuda


Su afición por el dibujo cobrará más importancia pero no dejará de lado la pintura ya que los paisajes marcarán la mayor parte de su obra. En 1935 se organiza una importante exposición en París donde las pinturas de Prieto se muestran al lado de otras de Pablo PicassoJoan MiróJuan Gris o Salvador Dalí entre otros. Realiza los decorados de La Zapatera Prodigiosa de Lorca y de Canción de Cuna de Gregorio Martínez Sierra, aparte de colaborar en la BBC como crítico de arte y acentuar su actividad como ilustrador gráfico. Sobresalió como retratista (Winston ChurchillMiguel de UnamunoFederico García LorcaJosé Ortega y GassetRamón Gómez de la Serna, Sir Anthony EdenAntonio Machado, doctor FlemingGreta GarboAlfonso XIIIPilar Primo de RiveraDuque de AlbaBette DavisLuis Cernuda etc. También son célebres sus dibujos, de un cálido erotismo. 

                                       

E1945, participa, junto a Chicharro, Carlos Edmundo de Ory y Sernesi, en el lanzamiento del Postismo, nuevo movimiento de vanguardia. Su regreso a España da inicio a un periodo decisivo para la promoción de su obra, en el que también escribe numerosos artículos. Potencia ahora la creación de paisajes con temas españoles sobre todo castellanos y del pasado español.
A finales de los cuarenta, durante los últimos años de Prieto en su exilio inglés, renace su pasión por la fotografía con nuevas series de gran lirismo que reutilizará posteriormente junto a las instantáneas romanas para componer los audaces collages que bautizó como popares


8 de marzo de 2014

FABIO HURTADO. PINTOR Y FOTÓGRAFO CONTEMPORÁNEO

 UNA BELLEZA  SIN FISURAS.




De padre español y madre italiana, Fabio Hurtado nace en Madrid en 1960. A finales de los años 70 forma un grupo de rock junto a sus compañeros de instituto, realizando los carteles publicitarios de los conciertos. Más tarde en 1982 alquila su primer estudio en Madrid mientras asiste a la Facultad de Bellas Artes, licenciándose dos años más tarde.













Entre 1986 y 1988 ejerce como profesor de pintura y dibujo en varios Centros Culturales y colegios del Ayuntamiento de Madrid, hasta su primera exposición importante en Alemania. A partir de entonces abandona su labor docente y se convierte en pintor profesional. Otra faceta artísticas: fotografía.






























Hasta mediados de los años 90 la pintura de Fabio Hurtado se caracteriza por una marcada geometría en sus composiciones y  una rotundidad en las formas, interpretadas casi de un modo escultórico. Luego su estilo evoluciona hacia un mayor naturalismo en las figuras, situándolas en un contexto más realista.

Personalmente, me recuerda en sus trazos la pintura picassiana.

Su obra se caracteriza por una cuidada utilización del dibujo y una gran armonía en el uso del color, complementos de una temática dominada por la presencia de la figura femenina. Las mujeres que aparecen en los cuadros suelen ser elegantes, independientes y enigmáticas; muchas veces instaladas en una soledad aparentemente elegida.












Artísta con un estilo inconfundible, que recrea escenas
ambientadas en los años 20 y 30 del siglo XX, dentro de un contexto casi cinematográfico.

A Fabio Hurtado le gusta implicar al espectador en el desarrollo argumental mediante un juego de sugerencias intencionadas:
la acción a menudo parece ocultar al abservador, convirtiendo la interpretación abierta de cada uno en un elemento más de la composición.





















Gracias al "Rincón de mis desvaríos" que me descubre tantas cosas. 
http://elrincondemisdesvarios.blogspot.com.es/ No dejéis de visitarlo.



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