25 de enero de 2026

Las mejores exposiciones de este invierno 2026.

 1CHEZ  MATISSE

CAIXAFORUM MADRID

Hasta febrero de 2026.



El espacio CaixaForum Madrid presenta del 29 de octubre al 22 de febrero de 2026 una exposición que ofrece un viaje por la obra de Matisse que cuestiona las condiciones mismas de la pintura, pero también su situación emocional y política.

Organizada con la colaboración del Centre Pompidou, esta muestra explora la trayectoria, evolución, alcance e influencia de Matisse para creadores y vanguardias internacionales. 

El arte de Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869 - Niza, 1954) refleja su concepto innovador sobre el color, así como su reformulación crítica del cuadro a modo de mera superficie pictórica y también su idea de estar «fuera de lugar» tanto emocional como políticamente. Esto es, su forma de expresar la ruptura con las normas establecidas y la búsqueda de una nueva forma de ver y representar el mundo.


2. MARUJA MALLO

MUSEO REINA SOFIA

 Hasta el 16 de marzo de 2026.



Esta gallega, ligada a la generación del 27, introdujo en su obra una diversidad iconográfica y estilística poco común, destinada a dar forma a una renovada mitología y, también, a dar relevancia a las mujeres creadoras, de ahí la importancia de la autorrepresentación en su producción.

Incluyó autorretratos en sus primeras composiciones personales, las verbenas; más tarde se aproximó al mundo del teatro y a la que llamó “plástica escenográfica”, en una serie de fotografías de sí misma emplazada en diferentes escenarios desde los que propuso una revisión de las identidades de género, de clase, artísticas y políticas. Estando ya exiliada, este asunto de la identidad regresó desde la fluidez a sus naturalezas y retratos, a los que incorporó la cuestión racial.

A esta exposición  llegarán noventa pinturas, dibujos, escritos y documentos, además de vídeos que repasarán su biografía e influencia.


3. ANTONIO RAPHAEL MENGS

MUSEO DEL PRADO.

Hasta el 1 de marzo de 2026.


La exposición monográfica dedicada al pintor Antonio Raphael Mengs (1728-1779), que cuenta con el patrocinio exclusivo de la Fundación BBVA, será la más importante hasta la fecha, presentando un conjunto de aproximadamente 150 obras de alta calidad, provenientes principalmente del Museo del Prado y Patrimonio Nacional, complementadas con préstamos internacionales. Incluirá acuarelas, pasteles, dibujos, óleos y el fresco Júpiter y Ganimedes, además de esculturas, medallas y manuscritos. La muestra ofrecerá una visión completa de Mengs, sus modelos y sus influencias, destacando su relación con grandes maestros como Raffaello Sanzio, Correggio y Pompeo Batoni.

www.museodelprado.es


4. METAMORFOSIS: ESPACIO Y SOCIEDAD EN LA COLECCIÓN IDEALISTA.

SERRERIA BELGA

Hasta el 8 de Marzo

 

El espacio expositivo de la Serrería Belga se dedica esta temporada a reflexionar sobre la relación entre entorno, sociedad y ocupación/vivencia de los lugares a través de una selección de obras de la Colección idealista.
Con un total de 120 piezas realizadas por artistas europeos, africanos y americanos, la exposición propone una mirada crítica y analítica a través de la fotografía y el video arte. La selección está estructurada en cuatro secciones: Tensiones Geográficas, Paradojas Medioambientales, Los espacios cotidianos y Arqueología Humana, que trazan un recorrido a través de la relación entre el ser humano y los paisajes que habita. 
Un análisis visual y sensorial que investiga la influencia recíproca, las utopías, el desarrollo urbano, el impacto medioambiental y la exploración de los vestigios visibles e invisibles.

www.serreria-belga.es


5. PABLO REINOSO. LA VIDA SE MUEVE.

MUSEO DE ARTES DECORATIVAS.

Hasta el 15 de marzo.


Pablo Reinoso hace objetos que están en la frontera del arte, del diseño y de la artesanía. en el recorrido expositivo encontramos diversas tipologías de obras que conforman el camino de su vida: bancos que se desbordan, herramientas que cambian de función, marcos que se desenmarcan o esculturas hechas a partir de una reflexión sobre las sillas Thonet. Reinoso siempre opera en sus obras un desplazamiento de la función. La función es un material tan determinante en su obra como lo son la madera, el acero, la tinta o el papel. En sus bancos las maderas dejan de respetar el escrupuloso diseño que las construye para seguir el modelo de crecimiento de un vegetal. En su obra tiene una importancia capital el lugar en que se instala cada pieza, ya que aprovecha la potencia del espacio alrededor de cada obra para cargarla con nuevos sentidos disparadores. José Jiménez, comisario de la muestra, ha sabido interpretar los juegos de líneas, de llenos y de vacíos como una poética que desvela no sólo la concepción que de su obra tiene el autor, sino también la que el Museo tiene de su propia misión.


6. NATURALEZA DE ASFALTO. MADRID HIPERREALISTA. JOSÉ MIGUEL PALACIO.

MUSEO DE HISTORIA DE MADRID.

Hasta el 24 de mayo.



José Miguel Palacio se aproxima a la capital como un observador minucioso, atento a su transformación constante y al caos de una gran ciudad. Retrata aviones, aeropuertos, coches o la Gran Vía reflejada en un parabrisas, jugando con brillos e ilusiones ópticas. Como un reportero del presente capta el ritmo agitado, la evolución y las contrariedades de la vida moderna. 

Su proceso de trabajo es lento : pasea, observa, fotografía y traslada al lienzo cada detalle de la ciudad. Entre las piezas de la muestra destaca el políptico de Madrid al cielo formado por 30 óleos que ilustran diferentes puntos de la capital desde un ángulo que dirige la mirada hacia el cielo. Calles como Serrano, Gran Vía, Princesa o Goya, plazas como Callao, estaciones como Atocha o Chamartín, además de escenas en el Parque del Retiro, o la cafetería Milford aparecen plasmadas con un hiperrealismo tan preciso que roza la fotografía, convirtiendo su pintura en un manifiesto de la ciudad actual. 


7.  HAMMERSSHOI. EL OJO QUE ESCUCHA.

MUSEO THYSSEN.

Del 17 de febrero al 31 de mayo 



El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta la primera retrospectiva en España dedicada al artista danés Vilhelm Hammershøi (1864-1916) ofreciendo, a través de casi un centenar de obras, una amplia y completa visión de su trabajo. Más de cien años después de la muerte del pintor, que alcanzó un éxito considerable en vida por sus interiores fríos y silenciosos, sus obras todavía atraen e inquietan al espectador moderno. La ambigüedad de sus planteamientos mantiene abiertas múltiples vías de interpretación que en las últimas décadas se han enriquecido gracias a la búsqueda de conexiones con otros artistas europeos y a la contextualización con sus contemporáneos daneses. Ver sus cuadros en el Museo Thyssen permite además relacionarlos con los maestros del pasado, como los holandeses del siglo XVII, y las grandes figuras del siglo XIX y XX. 


8. ANDRES ZORN. RECORRER EL MUNDO, RECORDAR LA TIERRA

FUNDACIÓN MAPFRE RECOLETOS

Del 16 de febrero al 17 de mayo.



Anders Zorn (1860–1920) fue el pintor sueco más destacado de finales del siglo XIX y principios del XX. Procedente de un humilde entorno rural, llegó a alcanzar fama internacional como retratista de reyes, políticos y otras celebridades de su tiempo. Su virtuoso dominio de algunas de las principales técnicas artísticas (óleo, acuarela, grabado) le consolidó como uno de los creadores con mayor prestigio en Europa y Estados Unidos.

Recorrer el mundo, recordar la tierra presenta una completa panorámica del conjunto de su obra: desde sus primeras acuarelas y sus viajes de formación, su posterior establecimiento en París, su retorno a Suecia en 1896 y sus viajes a Estados Unidos. La amplitud y riqueza de esta trayectoria, cosmopolita y al mismo tiempo profundamente vinculada a sus orígenes, se refleja en una pintura en la que la representación de la vida moderna y los retratos de personalidades de muchos países conviven con escenas de la vida tradicional de su región natal.


9. A LA MANEERA DEL  BOSCO.

FUNDACION JUAN MARCH 

Del 27 de febrero al 12 de abril.

Organizada en colaboración con Solo Contemporary, esta exposición presenta dos pequeñas tablas, El cielo El infierno, realizadas por un seguidor del Bosco ('s-Hertogenbosch, Países Bajos, c. 1450-1516) −procedentes de un tríptico perdido dedicado al tema de El juicio final−, junto a obras contemporáneas de carácter surrealista, metamórfico y fantástico. Esta continuidad en los artistas contemporáneos de ensoñaciones como las del Bosco no es un caso aislado. Su intensa influencia es excepcional: tras su muerte, sus invenciones, sátiras morales, imaginería delirante y humor negro se convirtieron en una tradición viva. No es casual que André Breton viera en su lógica visual un antecedente del surrealismo. Hoy, sus visiones conviven con las posibilidades de la tecnología digital y la inteligencia artificial, que generan, como su pintura, mundos fantásticos con los que imaginar y pensar.


Tíltide

C/ Fernando el Católico, 28
28015 Madrid.
Profesoras:
Carmen Manso de Zúñiga.
Sara Fernández.

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20 de enero de 2026

La Hispania romana en el Museo Arqueológico

Entre 218 a. C., fecha del desembarco romano en Ampurias, y el siglo V (476) cuando penetran los visigodos en la Península, sustituyendo a la autoridad de Roma, la península hispánica entra a formar parte del imperio romano. A lo largo de este extenso periodo de prácticamente siete siglos, tanto la población como la organización política del territorio hispánico sufrieron profundos e irreversibles cambios, y quedarían marcadas para siempre con la inconfundible impronta de la cultura y las costumbres romanas.


De hecho, tras el periodo de conquistas, Hispania pasó a ser en una parte fundamental del Imperio romano, proporcionando a este un enorme caudal de recursos materiales y humanos, y siendo durante siglos una de las partes más estables del mundo romano y cuna de algunos gobernantes del imperio. 

La provincia de Hispania estaba dividida en varias provincias, cada una gobernada por un gobernador. Estos gobernadores eran nombrados por el emperador y eran responsables de mantener el orden y la administración en su provincia. Las provincias tenían su propia capital y estaban subdivididas en municipios y conventus. 

 El proceso de asimilación del modo de vida romano y su cultura por los pueblos sometidos, se conoce como romanización. El elemento humano fue su más activo factor, y el ejército el principal agente integrador. Esta Hispana produce durísimos soldados, expertísimos capitanes... En las imagines siguientes  un casco, que habrá luchado en muchas batallas,  y un estandarte que, seguro, dirigiría a jóvenes romanos o hispanos. 



Uno de los aspectos más trascendentes de la romanización  en la península fue el de su latinización Es decir, el proceso que trajo consigo la pérdida de los idiomas indígenas, a excepción del vasco, y la  paralela sustitución de estos por el latín, del que más tarde derivarían las lenguas romances.


El proceso de romanización en la Península se basó fundamentalmente en las ciudades como núcleos exportadores de la nueva cultura. La política urbanizadora comenzó pronto, aunque con fines casi exclusivamente defensivos. 

Fueron las ciudades núcleos exportadores de la nueva cultura. La política urbanizadora comenzó pronto, aunque con fines casi exclusivamente defensivos. Durante la época republicana las riquezas mineras y agropecuarias de Hispania atrajeron gran número de emigrantes romano-itálicos, sobre todo después de la crisis del siglo II a. C. Estos, unidos a los soldados establecidos en la Península, comenzaron a asentarse en ciudades. 

De ellas, destaca la cerámica, conjunto de producciones de muy diversas procedencias, categorías técnicas y zonas de comercialización o difusión. Desde producciones locales fruto de artesanos anónimos que surten una demanda muy próxima, fabricadas con técnicas y formas de la tradición local, hasta lujosas y sofisticadas vajillas con influencias helenísticas y orientales, salidas de afamados talleres altamente especializados que firman sus productos y los difunden por los más apartados rincones del orbe romano.



Y hablando y viendo objetos de cerámica, llegamos a las ánforas, vasijas cerámicas que se utilizaban en la antigüedad para transportar líquidos y solidos. tuvieron un papel tan importante en el imperio  que existe una colina de forma triangular, emonte Testaccio o Monte dei Cocci,  compuesta por restos de alrededor de 53 millones de ánforas rotas; sobre todo de olearias, procedentes de lugares como la Bética (aproximadamente el 80 % del total) o  de la Galia, también de  otras regiones de la península itálica, y se han documentado algunas ánforas orientales.

Las ánforas llegaban al puerto de Roma, donde se vaciaba su contenido y se rompían en pedazos. Los restos eran depositados en el monte Testaccio y después se esparcía cal sobre los recipientes para evitar malos olores, proceso que se hacía porque no era rentable lavar los recipientes y enviarlos de vuelta a la Bética y otras regiones. Las ánforas parece ser que se trasladaban enteras, probablemente en grupos de cuatro, por burros, mulas u otros animales de carga.

Las excavaciones arqueológicas indican que la colina no fue un basurero fortuito ni desordenado, sino una estructura gestionada de manera disciplinada, elevada por terrazas con muros de retención, también hechos de trozos de cerámica. Se pueden establecer tres fases en la construcción de dicha estructura.


Y volviendo a la ciudades, con Julio Cesar comenzó un periodo de colonización y municipalización, asentó en Hispania a sus soldados fundando nuevas colonias, también concedió la ciudadanía romana a municipios ya existentes, premiando así su fidelidad en la guerra civil que mantuvo con Pompeyo en la Península.  Augusto continuó la política de César, y Vespasiano concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania.

La ciudad romana desarrolla su propia morfología. Los romanos trataron de hacer del entorno urbano un lugar digno para vivir, por lo que construyeron acueductos, fuentes, puentes, termas, baños además había  servicio de incendios y de policía, mercados y todo aquello que es necesario para que la gente viva lejos del campo y con todos los refinamientos posibles para mejorar la salud pública. Además, había motivos de adorno y conmemoración como las columnas y los arcos del triunfo. Muchos edificios y  casas se adornaban con mosaicos, como los que aparecen a continuación.

                                      

El resto de la ciudad estaba ocupada por viviendas. Los ricos vivían en una casa unifamiliar  que se llamaba domus. Los más humildes habitaban en casas de pisos, llamadas insulae (islas). y villae en el campo.


Y para terminar nuestra visita, un paseo por el fantástico patio del museo,  con las imágenes de los principales emperadores de Imperio, entre los que se contaban algunos hispanos, ya que España desempeñó un papel crucial en la civilización. Varios emperadores de origen español gobernaron Roma y dejaron un impacto significativo en la historia. Ciudades españolas como Tarraco y Valencia tuvieron una labor clave en el desarrollo de la cultura, difundiendo su influencia a lo largo del imperio. Entre los emperadores romanos españoles más importantes destacan: Trajano, Adriano y Teodosio I.



Profesora: Carmen Manso de Zúñiga.

Historiadora del Arte por la UCM. Y Profesora.


Tíltide. Espacio de arte y Cultura. 

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15 de diciembre de 2025

Maruja Mallo en el Museo Reina Sofía.

Hasta el 16 de marzo de 2026, el MUSEO REINA SOFIA presenta la obra  de la fue una de las grandes artistas del siglo XX español y una de las principales figuras de la generación del 27.

Maruja Mallo fue la cuarta de catorce hermanos. Debido al trabajo de su padre, la familia se trasladaba con frecuencia y, en un momento determinado. terminó en Avilés, donde permaneció desde 1913 hasta 1922. De esta manera, Mallo comenzó su formación en la Escuela de Artes y Oficios de esa ciudad.



En 1922, con veinte años, y en un nuevo traslado de la familia a Madrid, entró a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde estuvo hasta 1926. ​ En Madrid  se relacionó con artistas, escritores y cineastas de la Generación del 27,  como Salvador Dalí, Ernesto Giménez Caballero, Gregorio Prieto, Federico García Lorca, Margarita Manso, Luis Buñuel, o Rafael Alberticon el que mantendrá una relación hasta que él conozca a María Teresa LeónPintora de talento, excéntrica, ferviente republicana y encarnación de la nueva mujer libre y emancipada, Dalí la definirá como "mitad ángel, mitad marisco”. ​Frecuentaba el Lyceum Club femenino.

                                                                

Una anécdota relatada por ella dio lugar a la denominación de varias de estas mujeres como "Las sin sombrero"​ dijo: "Un buen día, a Federico, a Dalí, a Margarita Manso  y a mí se nos ocurrió quitarnos el sombrero. Y al atravesar la Puerta del Sol nos apedrearon, insultándonos como si hubiésemos hecho un descubrimiento como Copérnico o Galileo."

Este suceso dio nombre al grupo de mujeres vanguardistas formado por Concha Méndez, María Zambrano, Ernestina de Champourcín, María Teresa León, Josefina de la Torre, Rosa Chacel, Margarita Gil Rösset, Margarita Manso y Maruja Mallo, entre otras. Estas reclamaron su autonomía e independencia, al igual que una formación intelectual igualitaria con respecto a los hombres. Se dedicaron a la pintura, la novela, la escultura, la poesía, la ilustración y el pensamiento, reflejando en sus obras los nuevos conceptos de modernidad con una actitud rompedora y abierta. 

Durante aquellos años, en que Maruja Mallo asistió a la Real Academia de Bellas Artes , trabajó en publicaciones de carácter literario, como La Gaceta Literaria, Almanaque Literario o La Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset. El filósofo, impresionado por las ilustraciones que Mallo hacía para la revista, decidió montar una exposición dedicada a la obra de la pintora en la sede de la revista en Madrid. Fue la primera y única exposición comisariada por La Revista de Occidente y tuvo un gran éxito. A partir de entonces, Maruja Mallo empezó a ser reconocida como artista.  


La Verbena,  imagen anteriores una de las obras de Maruja Mallo más conocidas, un óleo de 119x165 centímetros que se exhibe en el Museo Reina Sofía. Es un cuadro de su época más optimista, una celebración de los felices años 20. Maruja nos muestra cómo es la sociedad madrileña de aquellos años, si bien también deja traslucir cierta crítica. Así, la artista incluye una serie de personajes revueltos en un aparente caos recreando una escena de claras reminiscencias surrealistas.

Tras los años de optimismo, Maruja Mallo entra en una etapa de pesimismo con creaciones de tonos y temas apagados y sombríos.

En 1932, la pintora consiguió una beca para ir a estudiar a París. Allí conoció a Miró, Magritte, Picasso, De Chirico y Bretón y se sumergió de lleno en el movimiento surrealista, dejando que su obra se impregnara de aquella disruptiva y emergente corriente artística. Aquel año, Maruja Mallo organizó una exposición de su obra en la Galería Perre Loeb de París en la que André Bretón, impulsor del manifiesto surrealista, quedó prendado de su obra Espantapájaros, que compró y definió como “una de las grandes obras del surrealismo”. 

Sobre 1936 Maruja pintó una serie de siete obras denominadas “La religión del trabajo”.  La anterior, La sorpresa del trigo  es una obra surrealista en la que la pintora representa a la diosa de la agricultura Deméter, la madre tierra, de la que germinan 3 espigas, número de la armonía para los pitagóricos. Un cuadro que tiene influencia de la filósofa María Zambrano y parece ser una celebración del proceso de cambio que prometía la II República.

Al poco tiempo, la pintora regresó a Madrid, empezó a colaborar con la Sociedad de Artistas Ibéricos y participó como profesora en las Misiones Pedagógicas, siendo una fiel defensora de la República. También dio clases de dibujo en el Instituto Escuela de Madrid, en el Instituto de Arévalo y en la Escuela de Cerámica de Madrid, donde creó una serie de platos de cerámica desaparecidos en la actualidad. Pero de los que se han hecho reproducciones, siguiendo los dibujos de la artista,  y que se presentan  ahora en el Reina Sofia.

Entre 1934 y 1935 siguió haciendo exposiciones en diversos museos de Londres y Barcelona. 



Cuando estalló la Guerra Civil española, Maruja Mallo se encontraba en Galicia, su tierra natal. Afortunadamente, la artista logró huir a Lisboa donde la recibió la poeta y Premio Nobel Gabriela Mistral quien, por aquel entonces, era embajadora de Chile en Portugal. Mistral consiguió que los Amigos del Arte le enviaran a Mallo una invitación para ir a dar unas conferencias sobre plástica española, cosa que permitió a la pintora trasladarse a Buenos Aires y dejar la guerra atrás.

 Maruja Mallo vivió en Buenos Aires durante prácticamente todo su exilio, que duró veinticinco años. Asentada en Argentina, Mallo pronto se incorporó a los ambientes intelectuales de Latinoamérica, dio conferencias, organizó exposiciones y colaboró con la revista de vanguardia Sur, para la que también escribía Jorge Luís Borges. Viajó por Argentina, Chile y Uruguay, e hizo varias exposiciones en Brasil, París y Nueva York. 


 En 1948 su Cabeza de Negra ganó el I Premio Pictórico de la II Exposición Neoyorkina. 

Tras más de dos décadas, en 1962 Maruja Mallo volvió a Madrid. En alguna ocasión, la pintora dijo que no sabía bien por qué había vuelto si todos sus amigos estaban “en el exilio o bajo tierra”.

Que la obra de Maruja Mallo se perdiera durante aquel tiempo responde tanto al estallido de la Guerra Civil, que eclipsó a muchos de los grandes artistas de los años previos al conflicto, como al machismo imperante en la época, que dejaba atrás a las mujeres creadoras priorizando a sus compañeros en los libros y el recuerdo.


Decidida a conseguir el reconocimiento que se merecía, Maruja Mallo se dedicó, durante los años sesenta y setenta a recuperar y reconstruir su obra. Retomó su colaboración en la Revista de Occidente, se reintegró en los círculos artísticos, asistió a tertulias y dio conferencias, siguió pintando y haciendo exposiciones y se acercó a los más jóvenes.

En resumen, Maruja Mallo fue una de las mayores exponentes del cubismo y el surrealismo en España, formó parte del grupo de mujeres artistas llamado "Las Sinsombrero" y desarrolló su obra junto a otros creadores como Lorca, Dalí, Neruda, Zambrano y Alberti.


                                      


Profesora, Sara Fernández: 

Historiadora del Arte por la UCM. Diseñadora y  comisaria de la Galería-Estudio Tíltide.

Tíltide
C/ Fernando el Católico, 28
28015 Madrid.
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