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24 de septiembre de 2018

Las mejores exposiciones del otoño madrileño de 2018.

Madrid posee una enorme riqueza artística, museos, salas de exposiciónes, galerías de arte..... Solo paseando por sus calles descubrimos que Madrid es un gran museo al aire libre:  puentes, edificios, esculturas, preciosas puertas...


En este espacio, proponemos citas imprescindible para apreciar los tesoros artísticos de Madrid, recomendando, desde nuestro punto de vista, las exposiciones más interesantes y punteras, y los acontecimientos artísticos de más actualidad.

También podéis conocer Madrid a través de  nuestras Actividades Culturales.




LAS MEJORES EXPOSICIONES DEL OTOÑO MADRILEÑO


 

En el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Dadá  ruso 1914-1924


Hasta el 22 de octubre.



Esta exposición se aproxima al arte ruso de vanguardia desde la óptica de los cánones antiartísticos asociados al movimiento internacional Dadá. El proyecto antiacadémico de Kazimir Malévich para eclipsar el arte clásico o los experimentos del lenguaje transracional (zaum) de Velimir Jlébnikov y Alekséi Kruchónij son algunas de las contribuciones tempranas sobre las que se apoya la tesis que desarrolla esta muestra.
Las obras seleccionadas demuestran la intención de numerosos artistas, no solo de involucrarse en proyectos de agitación pública con connotaciones cercanas a una perspectiva marxista, sino también de adoptar la negación, la ironía, el absurdo y el azar como principios básicos de sus manifestaciones artísticas. Las performances extravagantes, las campañas de carácter antibélico, la negación del arte clásico y la innovadora forma de fusionar lo visual y lo verbal son algunos de los rasgos compartidos entre la vanguardia rusa y el movimiento internacional Dadá. En un intento por crear un paradigma estético alternativo tanto al Constructivismo positivista como al Suprematismo metafísico, la afirmación rusa da, da (sí, sí) se transformó en la negación net, net (no, no).

Dividida en varias secciones, la exposición arranca con una de las primeras óperas del absurdo en lenguaje zaum, la influyente Victoria sobre el sol (1913), en la que participaron Kruchónij, Jlébnikov y Malévich, entre otros. Esta primera parte se centra en la abstracción alógica, alejada de la geometría y la música y desarrollada a partir del collage, el ready-made y las publicaciones. La segunda sección abarca el período entre 1917 y 1924, desde el triunfo de la revolución rusa hasta la muerte de Vladímir Lenin, quien frecuentó el Cabaret Voltaire de Zúrich, y pone el énfasis en la temática propiamente revolucionaria y las nociones en torno al internacionalismo. La última sección analiza las conexiones entre Rusia y dos de los principales centros dadaístas, París y Berlín, evidenciadas a través de las publicaciones de obras rusas en estas dos ciudades y la presencia de artistas como El Lisitski en Berlín o Serguéi Sharshun e Iliá Zdanévich en París.





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En el Museo Thyssen de Madrid.
 Monet y Boudin
Hasta el  30 de septiembre de 2018.


Eugène Boudin, Playa de Trouville, National Gallery of Art, Washington DC, 1864-65
 La exposición Monet/Boudin es la primera ocasión de descubrir a través de una presentación  monográfica la relación entre el gran pintor impresionista Claude Monet (París, 1840 – Giverny, 1926) y su maestro Eugène Boudin (Honfleur, 1824 – Deauville, 1898), representante destacado de la pintura al aire libre francesa de mediados del siglo XIX. La presentación conjunta de su obra persigue no solo arrojar luz sobre el periodo de aprendizaje de Monet, sino también sobre el conjunto de las carreras de ambos artistas y sobre los orígenes mismos del movimiento impresionista.

Comisariada por Juan Ángel López-Manzanares, conservador del Museo Thyssen, la exposición reúne en torno a un centenar de obras de los dos pintores, y muestra cómo el magisterio inicial de Boudin se tornó al final de su carrera en profunda admiración hacia la audacia de su discípulo, que a veces hizo suya. Entre sus intereses artísticos comunes, la exposición enfatiza su mutua atracción por la iconografía de la vida moderna –plasmada en escenas de veraneantes en la playa de Trouville-, por los efectos cambiantes de la luz –que protagonizaron la mayor parte de los pasteles y óleos de ambos pintores– y, finalmente, por la naturaleza semisalvaje de los acantilados de las costas de Bretaña y Normandía.

Eugène Boudin, Playa de Trouville, National Gallery of Art, Washington DC, 1864-65




Figuras en la playa, Museum of Fine Arts, Boston, 1893


Boudin creó un género de marinas, en el que además de la playa, se representaba toda una sociedad  que acudía en verano a  aquellos lugares especiales, las playas de Trouville y Deauville,   además  con un angulo  de paisaje y muy novedoso.  

El artista empieza a pintar las playas de Trouville hacia 1860 e irá desarrollando el tema por etapas a lo largo de toda su carrera. Para muchos aficionados al arte, Boudin sigue siendo el pintor de las playas. Sin embargo, de los aproximadamente 4.500 cuadros suyos catalogados hasta la fecha, sólo el 8% plasma «las playas con miriñaques». La fase de trabajo más fructífera sobre este tema se sitúa entre 1860 y 1871.  En aquella época pinta el ochenta por ciento de las playas sobre tabla y los formatos que utiliza más frecuentemente son el 5, el 6, el 8 o el 10 de «marina», y muy raramente grandes formatos. El cuadro de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza pertenece a esta categoría predominante: es aproximadamente un formato 8 de «marina» sobre tabla. Boudin concedía gran importancia a la calidad de este soporte. En 1894 escribe: «Creo que voy a volver a la caoba, la única madera estable además del roble viejo. Lo malo es que pesa mucho. Y además presenta otro inconveniente: ennegrece incluso a través de la imprimación si ésta no es densa y de varias capas». Boudin retoma los temas de playas a mediados de la década de 1870 y hacia 1880-1886. ...

 A partir de 1863, cambia de emplazamiento y elige Trouville como lugar de veraneo. Se encuentra entonces a pie de obra para pintar sus playas. Cuando empieza a dedicarse a este tema, suele componer la vista de la playa con un ángulo muy abierto, utilizando los elementos del paisaje para enmarcar la escena: las residencias de la costa, el hotel de Roches Noires, las casetas, los caballos que arrastran las cabinas. Las obras, a menudo anecdóticas, constituyen un testimonio de su época. Poco a poco, el tema se transforma y la composición «clásica» de sus obras empieza a presentar una división del espacio en franjas horizontales paralelas a la orilla y al lienzo. La playa de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza es buen ejemplo de ello. El cielo ocupa dos tercios de la composición. Se ve denso y cargado de colores, iluminado por el sol poniente. La mayoría de las figuras están de espaldas al espectador (presentación bastante novedosa en pintura), dispuestas en una franja uniforme. Para evitar la monotonía, algunos veraneantes (sin rostro) nos miran y una mujer, sentada algo apartada del grupo, marca el primer término de la composición. Boudin complementa hábilmente este conjunto de personajes que se cierra sobre sí mismo con una escena anecdótica compuesta por un caballo y algunos pescadores tirando de una barca.


El pintor reparte con maestría por la superficie del lienzo toques cromáticos más vivos que se equilibran para realzar los negros y los ocres: bermellón, amarillo, azul y destellos de blanco. El cielo, compuesto con empastes de acentuada luminosidad, es en realidad el verdadero protagonista de esta obra. Los veraneantes instalados en la playa denotan cierta rigidez, pero la belleza del celaje y el fulgor argénteo de la barca que los pescadores arrastran hasta la playa confieren a esta obra una poesía y un resplandor intemporales....

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Fundación Mapfre. Sala Recoletos 

Descubriendo el Mediterráneo.


Desde el 10 de octubre al 13 de enero


Théo van Rysselberghe La punta Saint-Pierre en Saint-Tropez, 1896 Musée National d’Histoire et d’Art Luxembourg. Colección Émile Mayrisch. Cruz Roja Luxemburguesa © Musée National d’Histoire et d’Art Luxembourg | Tom Luc

El Mediterráneo como tema, pero también como referencia al pasado, es la propuesta de esta exposición con obras de Claude Monet, Vincent Van Gogh, Paul Cézanne, Pablo Picasso, Auguste Renoir, Pierre Bonnard, Joaquín Sorolla, Joaquim Sunyer, Julio González o Giorgio de Chirico entre otros, que podrás disfrutar del 10 de octubre al 13 de enero de 2019 en la Sala Fundación MAPFRE Recoletos de Madrid.
Esta exposición forma parte del proyecto internacional Picasso-Mediterráneo, una iniciativa del Musée national Picasso-Paris. Este programa de exposiciones, actividades e intercambios científicos se desarrolla entre 2017 y 2019 y en él participan más de setenta instituciones internacionales.
El cambio de siglo trajo a todo Europa un redescubrimiento del mar, y  en concreto del Mediterráneo, que no se había dado hasta el momento; y no fue solo en el ámbito estético. Se pusieron  de moda los baños de sol, beneficiosos para la salud tanto del cuerpo como del alma, y los herederos del impresionismo buscaron la luz y el color vibrante de las olas.
La exposición pretende hacer un recorrido a través de las pinturas y esculturas de aquellos artistas que, en ese periodo, encontraron un momento feliz en el modo de hacer arte y representarlo.


En En Museo de Historia de Maddrid
Plaza Mayor. Retrato y máscara de Madrid

Hasta el 11 de noviembre


plazamayor_detalle





















Este año se celebra el IV centenario de la Plaza Mayor y el museo acoge la exposición conmemorativa La Plaza Mayor. Retrato y máscara de Madrid, que permanecerá abierta en nuestra sala de exposiciones temporales desde el día 24 de mayo hasta el 11 de noviembre de 2018.


Dividida en seis ámbitos - La plaza abierta (1617-1790), La plaza en fiestas (1617-2018), La plaza cerrada (1790-1846), la Plaza jardín (1843-1936), Una imagen de postal, Otros usos. Nuevas propuestas (1920-2018)- esta exposición nos permite conocer la evolución de la plaza desde sus orígenes hasta la actualidad. 
En 1617, se aprobaba el proyecto de Juan Gómez de Mora para la nueva Plaza Mayor, edificada en apenas tres años sobre la vieja plaza del arrabal, a orillas de la calle Mayor y cerca del Alcázar Real. Sorprendió por su regularidad y armonía constructiva, la belleza de sus fachadas, la inusual altura de sus casas y la nueva forma de convivencia entre sus vecinos, mayoritariamente comerciantes con su tienda en la planta baja. Originalmente, estaba formada por bloques de edificios entre bocacalles abiertas y pronto se convertiría en prototipo de las Plazas Mayores españolas.



Se celebraron en ella fiestas, diversiones y ceremonias como canonizaciones, juegos de cañas, tauromaquias, autos de fe, desfiles, autos sacramentales y procesiones con sus tarascas. Para estos espectáculos se cerraban entonces las bocacalles con armaduras y tablados de madera, convirtiéndose el espacio en un magnífico teatro al aire libre, distribuyéndose los espectadores en los balcones de las viviendas y en las gradas provisionales conforme a un estricto protocolo en la asignación del lugar que cada uno ocupaba. Los reyes tenían reservado el balcón principal de la Casa de la Panadería.



En 1631, 1672 y 1790 fue devorada por las llamas, siendo el incendio del siglo XVIII el más devastador. Las llamas, avivadas por la madera, el yeso y otros materiales inflamables de los inmuebles, avanzaron desde el Portal de Paños hacia la calle de Toledo y las inmediaciones de la Casa de la Panadería, provocando grandes daños. Juan de Villanueva fue el arquitecto encargado de reconstruirla y modernizarla siguiendo los modelos de las plazas francesas. La convirtió en plaza cerrada, al sustituir las bocacalles por arcos monumentales y simétricos y rebajó la altura total del inmueble, equiparando así las casas de la Panadería y la Carnicería.



Ya en la mitad del siglo XIX, la Plaza Mayor deja de ser un espacio regio gestionado por la monarquía y para ser gestionado por el Ayuntamiento. Los arquitectos municipales proyectaron un nuevo espacio en cuyo centro estaría la estatua ecuestre de Felipe III. Una explanada central, transformada en rotonda, se convierte en estación terminal con la llegada y partida de diligencias, tranvías y autocares. Pero, a la vez, el protagonismo que fue adquiriendo la Puerta del Sol, hizo que la atención de la Plaza Mayor disminuyera y se viera obligada a reinventarse como lugar de paseo, jardín con bancos de madera, canapés con respaldo de hierro, estanques, farolas, árboles de variadas especies y arriates de flores y arbustos. 

La Plaza Mayor aparece entonces como un icono emblemático de la ciudad, una “imagen de postal” y, mientras la fotografía difunde una imagen oficial de su arquitectura, la pintura y la ilustración gráfica crea una iconografía castiza de la plaza, especialmente durante la Navidad, cuando acoge a todas las clases sociales y “tipos” de Madrid. Ambas imágenes, creadas en el siglo XIX y consolidadas en el siglo XX, siguen vigentes hoy en día. 

Con la apertura de la Gran Vía y la creación de la red de metro, la Plaza Mayor fue objeto de proyectos revitalizadores. El arquitecto Fernando García Mercadal inició, en febrero de 1936, las obras que pretendían devolver a la plaza su primitivo carácter, eliminando los jardines y configurándola como una lonja bien pavimentada. Se procuró devolverla al aspecto que tuvo durante el reinado de los Austrias, pero esta nueva plaza imperial fue invadida por los automóviles hasta se construyó un aparcamiento subterráneo en 1968.

Actualmente, la plaza recoge todo tipo de actividades lúdicas y culturales ya que ofrece un equipamiento urbano muy flexible y cargado de historia que todavía seguimos haciendo.



En el Museo Reina Sofía: 
Colección Cubista de Telefónica.

En permanencia por el momento



                                                                    Juan Gris, Botella y frutero

En junio de 2016, la Fundación Telefónica firmó un convenio por el que depositaba en el Museo Reina Sofía, por un periodo renovable de cinco años, su Colección Cubista -uno de los núcleos de mayor relevancia de la Colección de arte de Telefónica-, compuesta por cerca de 40 obras fechadas entre 1912 y 1933.
Además de por su calidad intrínseca, la importancia del depósito reside también en la incorporación de trabajos de artistas que no estaban representados en la colección del Museo y de obras de gran valor para uno de sus núcleos clave: la experiencia de la modernidad en Latinoamérica.
Fruto del citado acuerdo, el público puede contemplar en Colección Telefónica. Cubismo(s) y experiencias de la modernidad una selección de más de 70 obras procedentes de los fondos cubistas de las colecciones de la Fundación Telefónica y del Museo Reina Sofía que ponen de manifiesto la gran pluralidad de propuestas creativas que generó esta corriente artística y que dan pie a una lectura más amplia sobre ella.
Las obras datan tanto de los años centrales de este movimiento como de experiencias de décadas posteriores (1912 -1933) y fueron creadas por, entre otros muchos autores, Juan Gris, Pablo Picasso, Georges Braque, María Blanchard, André Lhote, Albert Gleizes, Metzinger, Vicente Huidobro o Joaquín Torres-García. 
Obra de Marie Blanchard
Según el comisario Eugenio Carmona, “la reunión de la Colección Cubista de Telefónica con fondos cubistas del Museo Reina Sofía es una propuesta en favor de la concepción plural de la experiencia cubista. Pero en el momento presente, la reconsideración de la experiencia cubista atendiendo a las formulaciones de Juan Gris es no solo lícita y posible, sino que es, además, deseable, pues contiene en sí misma la complejidad de lo que el cubismo realmente fue”.


La guitarra sobre la mesa, de Juan  Gris

El cubismo fue una corriente con una pluralidad de propuestas que dan pie a una lectura más amplia sobre ella. Sobre esta premisa se erige la exposición que le dedica el Museo Reina Sofía con los fondos de la Colección Cubista de la Fundación Telefónica. El conjunto de cerca de 40 obras, cedidas en comodato por 5 años renovables, está fechado entre 1912 y 1933 y se completa con obras de la colección de la pinacoteca. Cubismo(s) y experiencias de la modernidad permite profundizar en el nacimiento y desarrollo de este movimiento desde sus estadios fundacionales, cuando Pablo Picasso y Georges Braque trabajaron de forma conjunta desde el primitivismo y el posfauvismo cézanniano y cuando desarrollaron el cubismo como 'lenguaje' planteando invenciones iconográficas y técnicas.


Una obra de Auguste HerbinU.
El director del Reina Sofía ha incidido en que tradicionalmente se habla de cubismo en singular y se trata con una visión lineal "como si los artistas no hubiesen tenido dudas y como si fuera solamente cosa de Braque y Picasso, pero aquí se ve que es plural y que es un cambio de paradigma". En la muestra se recuperan figuras como Albert Gleizes, Jean Metzinger y el primer Auguste Herbin, cuyas aportaciones entre los años 1909 y 1915, significaron el tránsito de la herencia del simbolismo final a un nuevo sistema figurativo basado en el predominio de la forma y en la articulación dinámica de facetas y figuras. Con ello querían expresar la vivencia incesante de lo cotidiano y la relación "unánime" entre sujeto y mundo. Otros artistas representados en la exposición dan cuenta de cómo el cubismo supo dar origen a otros ismos que, aun dejando de ser cubismo, mantenían su impronta. Conocidas son las evoluciones planteadas por Fernand Léger y por Robert y Sonia Delaunay, que trazaron un recorrido semejante entre las posibilidades del cubismo y las sugerencias de la 'vida moderna'.
                                     
Bodegón cubista de Dalí.

Fuentes:
www.fundacionmapfre.org/fundacion/es_es/exposiciones/sala-recoletos/redescubriendo-mediterraneo
www.fundaciontelefonica.com/arte_cultura/
http://www.museoreinasofia.es/
www.museo-de-Historia-de-Madrid




22 de septiembre de 2018

CURSO 2018-2019


PROGRAMACIÓN del MIÉRCOLES. 


La obra de Monet y su  maestro Boudin en el Thyssen.

SEPTIEMBRE

Miércoles  26. Museo THyssen. Monet y Boudin. A las 16.00 h.

La Vanguardia rusa.

 OCTUBRE

Miércoles 3. Museo Reina SofíaDadá Ruso (1914-1924). A las 17.00 h.

Miércoles 10.  Fundación MapfreRedescubriendo el MediterráneoA las 18.00 h.

Miércoles 17. Museo arqueológico. A las 17.00 h.

Miércoles 24. .  F. Juan March.  Lina Bo Bardi. A las 17.00 h.

Miércoles 31. Museo de Historia de Madrid. Plaza Mayor. Retrato y máscara de Madrid A las 17.00 h.

La belleza del Mediterráneo.

 NOVIEMBRE.

Jueves 8. Fundación CanalRoy Lichtenstein. A las 17.00 h.

Miércoles 14.  Museo ThyssenMax Beckmann. A las 17.00 h.

Miércoles 21. Paseo por Madrid. A las 17.00 h.

Miércoles 28. Museo Reina SofíaParis pesa a todo... A las 17.00 h.

Roy Lichtenstein

DICIEMBRE

Miércoles 12.  Biblioteca NacionalLeonardo Da Vinci. A las 17.00 h.

Miércoles 19 . CaixaForum . Faraón. Rey de Egipto. A las 17.00 h.

16 de septiembre de 2018

Dadá ruso 1914-1924


En el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Hasta el 22 de octubre.


Esta exposición se aproxima al arte ruso de vanguardia desde la óptica de los cánones antiartísticos asociados al movimiento internacional Dadá. El proyecto antiacadémico de Kazimir Malévich para eclipsar el arte clásico o los experimentos del lenguaje transracional (zaum) de Velimir Jlébnikov y Alekséi Kruchónij son algunas de las contribuciones tempranas sobre las que se apoya la tesis que desarrolla esta muestra.
Las obras seleccionadas demuestran la intención de numerosos artistas, no solo de involucrarse en proyectos de agitación pública con connotaciones cercanas a una perspectiva marxista, sino también de adoptar la negación, la ironía, el absurdo y el azar como principios básicos de sus manifestaciones artísticas. Las performances extravagantes, las campañas de carácter antibélico, la negación del arte clásico y la innovadora forma de fusionar lo visual y lo verbal son algunos de los rasgos compartidos entre la vanguardia rusa y el movimiento internacional Dadá. En un intento por crear un paradigma estético alternativo tanto al Constructivismo positivista como al Suprematismo metafísico, la afirmación rusa da, da (sí, sí) se transformó en la negación net, net (no, no).

Dividida en varias secciones, la exposición arranca con una de las primeras óperas del absurdo en lenguaje zaum, la influyente Victoria sobre el sol (1913), en la que participaron Kruchónij, Jlébnikov y Malévich, entre otros. Esta primera parte se centra en la abstracción alógica, alejada de la geometría y la música y desarrollada a partir del collage, el ready-made y las publicaciones. La segunda sección abarca el período entre 1917 y 1924, desde el triunfo de la revolución rusa hasta la muerte de Vladímir Lenin, quien frecuentó el Cabaret Voltaire de Zúrich, y pone el énfasis en la temática propiamente revolucionaria y las nociones en torno al internacionalismo. La última sección analiza las conexiones entre Rusia y dos de los principales centros dadaístas, París y Berlín, evidenciadas a través de las publicaciones de obras rusas en estas dos ciudades y la presencia de artistas como El Lisitski en Berlín o Serguéi Sharshun e Iliá Zdanévich en París.





El Dadaismo.
En 1916 Hugo Ball, un poeta y filósofo alemán, refugiado de guerra en Suiza, fundó el Cabaret Voltaire en un bar llamado la Meierei, situado en un barrio con un poco de mala reputación en la excelentemente reputada ciudad de Zurich. El Cabaret Voltaire era un cruce entre night-club y círculo artístico, planeado como “centro de diversión artística” donde se invitaba a los artistas y poetas jóvenes a que aportaran sus ideas y colaboraciones, recitaran sus poemas, colgaran sus cuadros, cantaran y bailaran. 
El Cabaret hervía de actividad,  se unían artistas como el pintor Tristan Tzara o George Janco y hacía falta un nombre bajo el que acoger este movimiento. Al parecer se encontró accidentalmente Hugo Ball y Huelsenbeck cuando hojeaban un diccionario de alemán-francés: “Pongámosle dada” dije. “El primer sonido que dice el expresa el primitivismo, el empezar desde cero, lo que nuestro arte tiene de nuevo”.  El Cabaret tuvo 6 meses de vida. Al año siguiente se abrió la Galería Dadá, se creó una revista organizada por el rumano Tristan Tzara. Al acabar la I Guerra Mundial, los dadaístas iniciales en Zurich se dispersaron, continuando su actividad de manera destacada en Colonia y París.  
tristan-tzaraFotografía de Tristán Tzara

Según la historia contada Dominique Noguez, sobre una tesis que el mismo no cree pero que se sustenta en datos y fechas históricas documentadas, Lenin y su novia vivían en Zurich en la misma calle del Cabaret Voltaire, que invadía la madrugada de jolgorios. Según esta coincidencia, Lenin habría conocido a Tristán Tzara y habría contribuido al Dadá pocos años antes de iniciar la revolución rusa y preparar desde Suiza el asalto al palacio de invierno. Lenin era juerguista, e iba a los cabarets a emborracharse, como está probado en su exilio por Europa en la visita a los peores tugurios de Londres, Bruselas, Zurich, y sobre todo París. Parece que existen testimonios que aseguran que Lenin estuvo en el Cabaret Voltaire,  “en la humareda espesa, en medio del ruido de las declamaciones o de una canción popular, hubo apariciones súbitas como la de la impresionante figura mongol de Lenin, rodeado por un grupo”. Entre pintores, estudiantes, revolucionarios, espías, estafadores…se ocultaba Lenin. 
Según el libro-ficción de Noguez,  Lenin organizó varias veladas bajo el seudónimo de señor Dolganeff, en una de ellas se entusiasmo tanto por una de sus obras, que bajo los efectos del alcohol que gritó ¡Dá, Dá!. (sí, sí, en ruso). La interpretación de Noguez fue tomada en serio. Otra versión comentada por Fernando Arrabal es que se dice que Tristan Tzara se puso desnudo vestido con un tutú a bailar, al hacerlo se le veía el trasero y los genitales y hubo gente que dijo no, no, porque le parecía demasiado, sin embargo Tzara dijo: ¡Da, Da!. Hay  para quien el nombre "dada" procede del balbuceo de un niño. De lo qu no hay duda es de que  en este movimiento es en el que más claramente se observa  la destrucción de las formas tradicionales para incidir en lo absurdo de la vida.
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El Dadá se propagó rápidamente y se hizo internacional, en Nueva York, los expatriados franceses Marcel Duchamp y Picabia creaban revistas y habían atraído a un grupo de jóvenes americanos descontentos, entre ellos Man Ray.  En Francia encontró apoyos en escritores como André Bretón, “Dadá” como dijo Breton, “es un estado de ánimo”. La guerra añadió otro argumento a la insatisfacción que ya tenían muchos artistas, era la agonía mortal de una sociedad basada en la codicia y el materialismo. El arte se había convertido en una transacción comercial ligado al capitalismo burgués y una válvula de seguridad moral y patriotismo.
http://www.museoreinasofia.es/exposiciones/dada-ruso
https://simboloabierto.wordpress.

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