20 de enero de 2026

La Hispania romana en el Museo Arqueológico

Entre 218 a. C., fecha del desembarco romano en Ampurias, y el siglo V (476) cuando penetran los visigodos en la Península, sustituyendo a la autoridad de Roma, la península hispánica entra a formar parte del imperio romano. A lo largo de este extenso periodo de prácticamente siete siglos, tanto la población como la organización política del territorio hispánico sufrieron profundos e irreversibles cambios, y quedarían marcadas para siempre con la inconfundible impronta de la cultura y las costumbres romanas.


De hecho, tras el periodo de conquistas, Hispania pasó a ser en una parte fundamental del Imperio romano, proporcionando a este un enorme caudal de recursos materiales y humanos, y siendo durante siglos una de las partes más estables del mundo romano y cuna de algunos gobernantes del imperio. 

La provincia de Hispania estaba dividida en varias provincias, cada una gobernada por un gobernador. Estos gobernadores eran nombrados por el emperador y eran responsables de mantener el orden y la administración en su provincia. Las provincias tenían su propia capital y estaban subdivididas en municipios y conventus. 

 El proceso de asimilación del modo de vida romano y su cultura por los pueblos sometidos, se conoce como romanización. El elemento humano fue su más activo factor, y el ejército el principal agente integrador. Esta Hispana produce durísimos soldados, expertísimos capitanes... En las imagines siguientes  un casco, que habrá luchado en muchas batallas,  y un estandarte que, seguro, dirigiría a jóvenes romanos o hispanos. 



Uno de los aspectos más trascendentes de la romanización  en la península fue el de su latinización Es decir, el proceso que trajo consigo la pérdida de los idiomas indígenas, a excepción del vasco, y la  paralela sustitución de estos por el latín, del que más tarde derivarían las lenguas romances.


El proceso de romanización en la Península se basó fundamentalmente en las ciudades como núcleos exportadores de la nueva cultura. La política urbanizadora comenzó pronto, aunque con fines casi exclusivamente defensivos. 

Fueron las ciudades núcleos exportadores de la nueva cultura. La política urbanizadora comenzó pronto, aunque con fines casi exclusivamente defensivos. Durante la época republicana las riquezas mineras y agropecuarias de Hispania atrajeron gran número de emigrantes romano-itálicos, sobre todo después de la crisis del siglo II a. C. Estos, unidos a los soldados establecidos en la Península, comenzaron a asentarse en ciudades. De ellas, destaca la cerámica, conjunto de producciones de muy diversas procedencias, categorías técnicas y zonas de comercialización o difusión. Desde producciones locales fruto de artesanos anónimos que surten una demanda muy próxima, fabricadas con técnicas y formas de la tradición local, hasta lujosas y sofisticadas vajillas con influencias helenísticas y orientales, salidas de afamados talleres altamente especializados que firman sus productos y los difunden por los más apartados rincones del orbe romano.



Con Julio Cesar comenzó un periodo de colonización y municipalización, asentó en Hispania a sus soldados fundando nuevas colonias. También concedió la ciudadanía romana a municipios ya existentes, premiando así su fidelidad en la guerra civil que mantuvo con Pompeyo en la Península, Augusto continuó la política de César, y Vespasiano concedió el derecho latino a todas las ciudades de Hispania.

La ciudad romana desarrolla su propia morfología. Los romanos trataron de hacer del entorno urbano un lugar digno para vivir, por lo que construyeron acueductos, fuentes, puentes, termas, baños además había  servicio de incendios y de policía, mercados y todo aquello que es necesario para que la gente viva lejos del campo y con todos los refinamientos posibles para mejorar la salud pública. Además, había motivos de adorno y conmemoración como las columnas y los arcos del triunfo. Muchos edificios y  casas se adornaban con mosaicos, como los que aparecen a continuación.

                                      

El resto de la ciudad estaba ocupada por viviendas. Los ricos vivían en una casa unifamiliar  que se llamaba domus. Los más humildes habitaban en casas de pisos, llamadas insulae (islas). y villae en el campo.



Profesora: Carmen Manso de Zúñiga;

Historiadora del Arte por la UCM. Y Profesora.

Tíltide. Espacio de arte y Cultura. 

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