31 de marzo de 2023

Francisco Pradilla, más que un pintor de historia (1884/1921).

Prorrogada hasta el 14 de mayo.                                

Francisco Pradilla y Ortiz (Zaragoza 1848,  Madrid, 1921) fue un pintor español, director de la Real Academia Española en Roma y del Museo del Prado.

Sin apenas estudios, Pradilla entró como aprendiz en el taller zaragozano del pintor y escenógrafo Mariano Pescador, quien le anima para que acuda a las clases de la Escuela de Bellas Artes de San Luis. Recomendado por su profesor, se trasladó a Madrid, donde combinó su trabajo como ayudante en el estudio de los escenógrafos Augusto Ferri y Jorge Busato, con la asistencia a las clases de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, y estudió a los antiguos maestros en el Prado. Incitado por José Casado del Alisal, primer director de la Academia Española en Roma, que deseaba contar en la primera promoción de pensionados con las mejores promesas del panorama artístico español, optó a la pensión que consigue brillantemente,  siendo pensionado en la primera promoción en la Real Academia Española en Roma  junto a otros artistas, continuando después su estancia en Roma.

El trabajo correspondiente al tercer año de pensión le supuso un éxito rotundo. La obra titulada Doña Juana la Loca consiguió la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de 1878 y Medalla de Honor, ese mismo año. en la Sección Española de la Universal de París. Este sonoro triunfo le llevaría a recibir el encargo del Senado para la ejecución del cuadro La rendición de Granada, que si bien no resultó tan acertado como el anterior, su difusión le catapultaría a una fama internacional

La rendición de Granada, 1882.

Su nombramiento como director de la Academia de España en Roma, sustituyendo a Casado del Alisal, le hizo fijar su residencia en la Ciudad Eterna, donde, emulando a su admirado Fortuny, abrió un estudio al que acudían los más importantes coleccionistas y marchantes de Europa. Pero pronto se percató de que las obligaciones burocráticas y docentes que le exigía el cargo de director de la Academia, le apartaban de su verdadero interés por la pintura.

El abandono de numerosos encargos le llevó a presentar su renuncia ocho meses después del nombramiento. A pesar del desastre económico que le supuso la quiebra de la banca de Ricardo Villodas, donde tenía depositados sus ahorros, Pradilla siempre reconoció que esos diez años vividos en Italia, alternando su trabajo en Roma con los veranos pasados en las Lagunas Pontinas de Terracina, fueron los más felices de su vida. El nombramiento como director del Museo del Prado en 1896 y su obligado ­regreso a España, rompieron esa época feliz a la que nostálgicamente Pradilla regresaría a menudo.

La reina doña Juana la Loca en los adarves del castillo de la Mota, 1876,

Pintada a sus veintinueve años (1877), La reina doña Juana la Loca en los adarves del castillo de la Mota, significó, además de la inmediata fama internacional para el artista, la más soberbia plasmación plástica de un tema que obsesionaría al pintor durante toda su vida y que resume -quizá mejor que cualquier otra pintura histórica del antepasado siglo- todos los ingredientes del género, tanto desde el punto de vista formal como en su concepto. 

En efecto, el lienzo despliega la más bella visión romántica de la figura de la reina Juana I de Castilla (1479-1555); personaje en cuya historia se reunían, bajo la alta dignidad de su condición regia, aspectos tan especialmente atractivos para el espíritu decimonónico como la pasión arrebatadora de un amor no correspondido, la locura por desamor, los celos desmedidos... Ejecutado con la extraordinaria maestría plástica de que Pradilla hizo gala a lo largo de toda su vida, es sin duda alguna uno de los cuadros más cautivadores e impactantes del género; razones en las que reside buena parte de su bien merecida fama y del clamoroso éxito con que fue acogido en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878.

Detalle de la obra.

La joven reina centra la composición dominando poderosamente la escena: erguida en pie delante de su sencillo asiento de tijera cubierto por un almohadón. Viste traje de grueso terciopelo negro, ocultos sus cabellos con tocas, como corresponde a su condición de viuda. Con la mirada completamente enajenada, el perfil de su vientre acusa su avanzada gestación de la infanta Catalina de Austria (1507-1578), y muestra en su frágil y menuda mano izquierda las dos alianzas que testimonian su viudedad. Impasible al frío estremecedor del desolado paraje en que se ha detenido la comitiva, apenas sofocado por la improvisada hoguera prendida junto a ella, la soberana vela el féretro de su amado esposo, que había muerto el 25 de septiembre de 1506. 

El ataúd está adornado con las armas imperiales y colocado sobre unas simples parihuelas, cuyos asideros muestran el brillo de su desgaste por el uso, flanqueado en su cabecera por dos grandes velones mortuorios, a punto de apagarse por la fuerte ráfaga de viento que sopla en el paraje, levantando en la hoguera una gran humareda. Sentada junto al catafalco, una dueña joven, con un breviario abierto en su regazo, contempla vigilante a la reina con resignada paciencia, mientras un monje de hábito blanco, arrodillado a su lado, con su rostro barbado prácticamente cubierto por la capucha, lee en voz baja una plegaria empuñando un cirio. 

A la derecha de la reina, resguardados al calor del fuego y apostados junto al tronco desnudo de un árbol, los miembros de su Corte que la acompañan en tan fúnebre travesía descansan de su fatigado camino, reflejándose en sus rostros una mezcla de cansancio, aburrimiento y compasión por el desvarío de su soberana, a la que contemplan con expectación dos cortesanos en pie y otra de las damas, vestida con un lujoso traje brocado. 

Al fondo puede verse la silueta del monasterio, escenario de la ira de doña Juana al saberlo regentado por monjas, por eso no permite que descanse allí el cuerpo de su esposo; y en el extremo contrario aparece el resto de la comitiva regia, todavía formada, aproximándose al lugar bajo las luces del último atardecer, envuelto en un cielo completamente encapotado.

Pradilla demuestra en esta pintura su habilidad absolutamente maestra en la utilización escenográfica del espacio exterior y su sentido rítmico y perfectamente equilibrado de la composición, estructurada en aspa y envuelta en la atmosfera del paisaje abierto en que se desarrolla el episodio. Junto a ello, su puesta en escena está resuelta con un especial instinto decorativo en la representación de los diferentes elementos accesorios -huella todo ello de su formación juvenil junto al pintor escenógrafo Mariano Pescador-, así como en el tratamiento de las indumentarias y, sobre todo, de los elementos orográficos y atmosféricos que refuerzan la tensión emocional del argumento, subrayada por la intensidad expresiva de los personajes. 

Todo ello está interpretado con un realismo intenso, una ejecución  segura, atento al dibujo definido y riguroso pero de técnica libre, plenamente pictórica, con la que este maestro consiguió un lenguaje plástico enteramente personal, que llegaría a ser bautizado en la época como estilo Pradilla; reflejo en realidad del realismo vigente en el género histórico en toda Europa en el último cuarto del siglo, y que a partir de entonces siguieron incondicionalmente la mayoría de los pintores de historia de esos años.


La reina Doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas, con su hija, la infanta Doña Catalina.

Con posterioridad a la crisis del 98 hubo un resurgimiento muy específico de la pintura de historia, con un carácter casi de reconstrucción de ambientes del pasado. Pradilla era el artista más dotado para ello por su virtuosismo y logró plasmarlos de un modo sorprendentemente vivo en obras como La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas, con su hija, la infanta doña Catalina (del que existen dos versiones en el Prado de 1906 y 1907) y en el Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla (1910).

Tanto el lienzo de La rendición de Granada, que aquí aparece a continuación, como el de Doña Juana, de las imágenes anteriores, reflejan el máximo esplendor de la pintura de historia. Sus asuntos transcurren en el periodo de finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Esa época reproduce la mayor parte de la producción posterior del artista relacionada con el cuadro de historia.

La rendición de Granada, 1882.

Además de estas composiciones, Pradilla también tiene obras más pequeñas sobre la vida del pueblo, del tipo que realizó Mariano Fortuny. Un ejemplo de ello se encuentra Lavanderas (1887), en el que el artista realiza una escena costumbrista compuesta por un grupo de mujeres que se afanan en lavar la ropa en el campo, o en las escenas de marcado y fiestas,  muchos de ellos presentes en la exposición. 

Lavanderas 1887.

Los cuadros costumbristas tienen un objetivo muy claro: representar fielmente las escenas y costumbres de la sociedad de la época en un ámbito determinado. Su enfoque expresivo busca recoger, a través de un lienzo el comportamiento social y la estética de la población en un lugar y una época. Es lo que ocurre con estas jóvenes protagonista del lienzo que aparece a  continuación, titulada El Viernes Sa
nto en Madrid, ataviadas par asistir a una procesión.

El Viernes Santo en Madrid. 1914.



Y así,  la pintura de historia junto con paisajes, retratos, mitología y escenas poéticas, intimistas y costumbristas- nos demuestran que, si Pradilla supo crear el arquetipo histórico-legendario, fue también un pintor muy completo y polifacético, lo que aporta variedad e interés especial a esta muestra homenaje.

Mercado de Noya. 1889.

La exposición  se enmarca dentro de la conmemoración del centenario del fallecimiento del artista. Reúne 75 piezas, entre óleos, dibujos, acuarelas, como la impresionante acuarela elegida para el cartel  de la exposición, bocetos, cartas y fotografías que adentran al público en el polifacético universo del pintor.


Fuentes: 
museodelprado.com
dbe.rah.es 


Visita organizada y guiada por la Profesora Carmen Manso de Zúñiga (Lda. en Historia del Arte por la UCM).
Actividades Culturales Tíltide.
C. Fernando el Católico, 28
28015 Madrid.


14 de marzo de 2023

Vespiverso: una nueva serie de la Avispa Verde.

Vespiverso lo componen un conjunto de obras protagonizadas por seres fantásticos con nombre propio, inspiradas en las distintas series de obras realizadas por el dúo artístico La Avispa Verde.


Cada obra es diferente y presenta elementos variados que componen la escenografía en la que se integran nuestras enigmáticas protagonistas: unas avispas únicas dentro de su especie. Estos seres se inspiran en el mundo de la moda, del espectáculo, de las fiestas populares, del baile y la naturaleza.





La Avispa Verde  es un equipo formado por Sara Fernández, diseñadora e historiadora del Arte, y José Luis Fernández, artista plástico, para experimentar nuevos caminos de creación dentro del ámbito de la obra sobre papel. Utilizan para ello técnicas mixtas, mediante el empleo de diversos materiales que se integran en collages y los cuales se representan finalmente mediante la técnica de impresión digital seriada.  
Corte y confección a navaja.
La alucinación del Bloody Mary.



Cena de gala con guitarrista.

Marnie la ladrona

Las obras anteriores pertenecen a la primera de las series de La Avispa Verde titulada La atracción del Vintage. Todas inspiradas en la moda y otras creaciones.

Doce visiones inspiradas en la moda y otras creaciones.
A escena, la segunda de la series, ha sido realizada como una escenografía.
Aplausos.
 



















Polichinela.
                                              
Serpentina.
La nueva etapa  de La Avispa Verde la representa la serie 5, 6, 7 y 8. Está dedicada a la danza.

Características de la obra.
Edición limitada de obra gráfica  numerada y firmada por el autor (La Avispa Verde)
Papel 100% algodón.
En las medidas señaladas está incluido un margen  
de 5 o 6 cm. blanco para firma y numeración.
Todos se entregarán con el correspondiente certificado de autenticidad.  
Para tamaños mayores en edición de un solo ejemplar, personalizado. consultar precios.
Los gastos de envío no están incluidos en la siguiente relación de precios, en el caso de las compras on line. Forma de pago: transferencia bancaria o Bizum.
Precios de las obras de todas la series (sin enmarcar):  

35 € en tamaño 21 x 15 cm. 
 
85 € en tamaño 30 x 21 cm. 

170 € en tamaño  38 x 56 cm.

275  en tamaño 70 x 50 cm. 


Contacto: 
tiltide@gmail.com
Galería Tíltide: Fernando el Católico 28, 
28015 Madrid.

28 de febrero de 2023

 

José Luis Fernández

Acuarelista, escultor, grabador, dedicado desde muy joven a la expresión artística en técnicas diversas: mixtas, collages y tintas. Creador e impulsor de la Galería Tíltide, desde el año 2.000, donde se encuentra ubicado su estudio, donde además de tener una exposición permanente de su obra, comparte el espacio de la Galería con grandes artistas.

 Acuarelas


         
      Donde el aire es verde  
Acuarela sobre papel. Marina.
        Medidas: 14 x 38 cms.
   


Aire de sol
Acuarela sobre papel. Marina.
Medidas: 56 x 76 cms



Arroyo del olvido
Acuarela sobre papel. Paisaje.
Medidas: 18 x 28 cms


   
Invierno
Acuarela sobre papel. Bodegón.
Medidas: 56 x 76 cms.




La Biblioteca
Acuarela sobre papel. Paisaje urbano.
Medidas: 28 x 38 cms.




La caricia del azul
Acuarela sobre papel. Marina.
Medidas: 76 x 100 cms.





La huella del aire
Acuarela sobre papel. Marina.
Medidas: 25 x 57 cms.



Verdes de Valencia
Acuarela sobre papel. Paisaje urbano.
Medidas: 28 x 38 cms.



Currículum

EXPOSICIONES INDIVIDUALES

Desde 1988, hasta hoy, expone individualmente en diferentes Galerías
de Arte, en Madrid, Almería,  Zaragoza y Pedraza (Segovia).
A partir del año 2000, expone en la Galería Tíltide, donde instala su estudio
y realiza exposiciones anuales, estando su obra permanentemente a disposición
del público.

                                                         
CERTÁMENES


1986   X Certamen Nacional de Acuarela. Madrid      
           
1987   XI Certamen Nacional de Acuarela. Madrid

1990   XVII Exposición de Acuarelas de la A.E.D.A. Madrid.

1991   Exposición Nacional de Acuarela. Madrid.

1992   LIX Salón de Otoño. Madrid.

           XXX Exposición de San Isidro de Temas Madrileños.

           Certamen de Acuarela de la Casa del Reloj. Madrid.

1993   I Salón de Invierno de Acuarelas. Madrid.      
                      
1996   XXXIV Exposición de San Isidro de Temas Madrileños.

           XXIII Exposición de Acuarelas de la A.E.D.A.Madrid.

           LXIII Salón de Otoño. Madrid.

           IV Salón de Invierno de Acuarelas. Madrid.

1997   XXIV Exposición de Acuarelas de la A.E.D.A. Madrid

           Galería Gaudí. Colectiva. Madrid.

          VIII Certamen de Acuarelas "El Tormo". Cuenca.

1998     I Salón de Acuarela y la Navidad. Madrid.    
           
                                                    1999    VI Salón de Invierno de Acuarelas . Madrid.
                                                                                          
2007    IV Certamen Francisco Revelles de Acuarela

                                                              
OBRA PERMANENTE EN INSTITUCIONES Y COLECCIONES

Mural escultórico taurino (25 mts. x 3) situado en el vestíbulo de la estación de Metro de la Plaza de Toros de Ventas. Madrid.
Obra Cultural de la Caja de Ahorros de Almería.   
Ayuntamiento de Madrid.
Comunidad de Madrid.
Ayuntamiento de Pedraza. Segovia.
Colecciones privadas en España: Madrid, Barcelona, Mallorca, Zaragoza, Vigo, Orense, Almería, Oviedo y Segovia.
en la Unión Europea: París, Italia y Escocia. En  EEUU, Wasington.

BLIOGRAFÍA

Acuarela. Exposición Nacional.(Catálogo). Ayuntamiento de Madrid. Madrid 1991. Págs. 84 y 186.
LIX Salón de Otoño.(Catálogo). Asociación Española de Pintores y Escultores. Madrid 1992. s/p, nº 29.
"Nueva estación de Metro en Ventas".Ya. Madrid, 9 de mayo de 1989. Pág, 21.
"El mural escultórico de José Luis Fernández González."Tecniarte.Madrid, 25 de junio de 1991. Págs.18 a 22.
"Acuarelas de José Luis Fernández". El Punto de las Artes.Madrid, 18 a 24 de febrero 1994.
LXIII Salón de Otoño.(Catálogo.). Asociación Española de Pintores y Escultores. Madrid 1996.Pág. 56.
Diccionario de Pintores y Escultores del siglo XX.Ed. Forum Artis.
“Trazo casual”. El Mundo. MetropoliMadrid, 16 de marzo de 2001, pág. 48.
“Paisaje Urbano”. El Mundo.Metrópoli.Madrid, 8 de junio de 2001, pág. 42.
“Lienzos de verano”. El Mundo . Metrópoli.Madrid, 7 de diciembre de 2001, pág. 50
 Desde el año 2001, criticas de las exposiciones en El Punto de las Artes.


  



“Instante”

Mural escultórico de José Luis Fernández, construido en acero cortén, cobre y latón, situado en el Vestíbulo de la Estación de Ventas del Metro de Madrid. Medidas: 25 x 3 metros. 

11 de febrero de 2023

Pintoras surrealistas IV. Leonora Carrington.

Esta entrada la publiqué el 17 de noviembre de 2018 y forma parte de una serie dedicada a Pintoras surrealistas. Este es el IV de la serie. Os la dejo de nuevo, con motivo de la exposición que realiza  la FUNDACION MAPFRE en homenaje a esta gran artista,  y que podrá visitarse hasta el siete de MAYO DE 2023.

Una mujer fascinante que dejó huellas de esas que nunca se olvidan, referente para la mayoría de las artistas de este planeta. No hemos podido dejar de visitarla. Y nos ha encantado.





Leonora Carrington, escultora escritora, pintora, está considerada  uno de los iconos del del arte del siglo XX. Es una leyenda del surrealismoNació en 1917 en el pueblo de Chorley, Inglaterra, en el seno de una rica familia de la industria textil, en 1920 queda junto a sus hermanos bajo los cuidados de una institutriz francesa, un instructor de religión y una nana inglesa, que la introduce en el mundo de las hadas y cuyos relatos tendrán una fuerte influencia sobre la artista. 

“El mundo que pinto no sé si lo invento, yo creo que más bien es ese mundo el que me inventó a mi”, dijo.




En 1936 ingresó en la academia Ozenfant  de arte, en la ciudad de Londres. Al año siguiente conoció a quien la introdujo indirectamente en el movimiento surrealista: el pintor alemán  Max Ernst, a quien volvió a encontrar en un viaje a París y con quien no tardó en establecer una relación sentimental. Durante su estancia en esa ciudad entró en contacto con el movimiento surrealista y convivió con personajes notables del movimiento como Joan Miró o André Breton, Picasso o Dalí .
Autorretrato.


El laberinto.

El habitante del unicornio.

"El mundo mágico de los mayas", de Leonora Carrington.


La Giganta.
                                                                                  


Baño de pájaro.





En 1938 escribió una obra de cuentos titulada La casa del miedo y participó junto con Max Ernst en la Exposición Internacional de Surrealismo en París y Amsterdam.
Previamente a la ocupación nazi de Francia, varios de los pintores del movimiento surrealista, incluida Leonora Carrington, se volvieron colaboradores activos del Freier Künstlerbund, movimiento subterráneo de intelectuales antifascistas, en el que participaron muchos artistas españoles, como José Bergamín y Alberti, entre otros muchos.

Leonora Carrington tenía solo 20 años cuando conoció a Max Ernst en Londres. Entonces el pintor ya contaba casi con cincuenta  y con bastante fama como surrealista. La gran diferencia de edad, el hecho de que Ernst además estaba casado, así como sus posiciones surrealistas radicales hacían que esta relación no contara con la anuencia del padre de Leonora. A pesar de ello, la pareja se reencontró en París y pronto se fueron a vivir a la provincia,  en una casa de campo que adquirieron en 1938. Hasta hoy se conserva en la fachada de esta casa un relieve que representa a la pareja y su juego de roles: «Loplop», el alter ego de Max Ernst, un animal alado fabuloso entre pájaro y estrella de mar y su «Desposada del Viento»: Leonora Carrington.

La vida tranquila y feliz de la pareja en este sitio duró poco En septiembre de 1939. Tras la detención y prisión de Ernst en el campo de Les Milles, Leonora sufrió una desestabilización psíquica. 

Ante la inexorable invasión nazi, se vio obligada a huir a España.​ Por gestión de su padre fue internada en un hospital psiquiátrico. De este período la pintora guardó una marca indeleble, que afectó de manera decisiva su obra posterior. 



Leonora describió, en su obra autobiográfica (En bas) los pormenores de esta dramática historia. A partir de este momento, André Breton se interesó por la histeria, la locura y otras alteraciones mentales y vio a Leonora como una embajadora de vuelta del "otro lado", una vidente, la bruja que regresaba del inframundo armada de poderes visionarios.

En 1941 escapó del hospital y llegó a la ciudad de Lisboa donde encontró refugio en la embajada de México. En 1942 emigró a México y en México, la pintora restableció lazos con varios de sus colegas y amigos surrealistas en el exilio, quienes también se encontraron en ese país, tales como  Breton Benjamín Peret y la pintora Remedios Varo, con quien mantuvo una amistad duradera.

En los ochenta Leonora comenzó a fundir esculturas en bronce, y hacer muebles, sus temas se refieren a las múltiples realidades que confronta la realidad de la vejez.​ Por otra parte Carrington tuvo un genuino interés por la alquimia y los cuentos de hadas con los que creció, interés que se percibe en su obra pictórica y escultórica.
Fue ganadora del Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes otorgado por el gobierno de México en 2005.​
Falleció a los 94 años en la Cuidad de México.

 
Brujas juegan al cubilete

Gracias al blog de mi amiga Inma del que he  obtenido casi toda la información:
https://elrincondemisdesvarios.blogspot.com.es/search?q=+Leonora+Carrington.

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