14 de abril de 2023

Las mejores exposiciones de esta primavera.

 1. Juan Muñoz . Todo  lo que veo me sobrevivirá.

Sala Alcalá 31

Del 14 de febrero al 11 de junio de 2023.

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Una exposición dedicada a la producción de la década de los noventa del artista Juan Muñoz, uno de los artistas europeos más importantes de la segunda mitad del siglo XX.

Un doble homenaje que se celebra en la Sala Alcalá 31 y el Museo Centro de Arte Dos de Mayo a través de una doble exposición que recorrerá dos décadas de la intensa trayectoria de Juan Muñoz, precisamente en el año en el que se cumplen 70 años del nacimiento de este artista.

La exposición de la Sala Alcalá 31 reúne algunas de sus piezas más icónicas, fechadas entre los años 90 y 2001, año de su prematura muerte. Esta última década de producción de Juan Muñoz estuvo marcada por el dominio del espacio, en una concepción neobarroca, y por la recuperación de la figura humana como elemento central de trabajo. Su vocación existencialista, su cualidad emocional y su reivindicación del truco, de la suspensión de la incredulidad, determinaron la ficción como una característica fundamental del arte contemporáneo, avanzando un cambio que será esencial dentro del arte en el siglo XXI.


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2. Pablo Palazuelo. La línea como sueño de arquitectura.
Fundacion Ico
 Hasta el 7 de mayo.
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La exposición muestra por primera vez la carrera de este pintor, escultor y grabador español, máximo representante de la abstracción geométrica del siglo XX, a través de una selección de  estas obras y proyectos, que ilustran la intensa relación establecida entre la arquitectura y su producción artística, tanto pintura como escultura o grabado.


3. Leonora Carrington. 
 Fundación Mapfre (Recoletos).
Del 9 de febrero al 7 de mayo de 2023.
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Mary Leonora Carrington (Lancashire, Inglaterra, 1917 - Ciudad de México, 2011​) fue una de las artistas más relevantes dentro de las filas del surrealismo. Pintora, escultora y escritora entre otras cosas, su trayectoria profesional estuvo marcada siempre por su biografía, que la convirtió, para vista 
de muchos, en una persona excéntrica y trágica. A pesar de ello, sus obras son el resultado de una extraordinaria imaginación y cuentan con un significado no siempre fácilmente descifrable por el espectador.


4. Francisco Pradilla. 
Museo de Historia de Madrid.
Hasta el 14 de mayo (Prorrogada)
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La variedad de géneros representados en esta exposición -además de pintura de historia, paisajes, retratos, mitología y escenas poéticas, intimistas y costumbristas- nos demuestran que, si Pradilla supo crear el arquetipo histórico-legendario, fue también un pintor muy completo y polifacético, lo que aporta variedad e interés especial a esta muestra homenaje.

5. Lucian Freud.
Museo Thyssen.
Del 14 de febrero al 18 de junio de 2023.
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Lucian Freud es considerado uno de los máximos representantes de la corriente figurativa británica de la segunda mitad del siglo XX que ha dado en llamarse la Escuela de Londres. En sus retratos, centrados principalmente en las personas de su entorno próximo, Freud consigue desvelar la vulnerabilidad del cuerpo humano a través de la carnalidad matérica que rezuman sus obras. 

Hijo de un arquitecto y nieto del creador del psicoanálisis, Sigmund Freud, Lucian Freud pasó su infancia en Berlín hasta que, tras la llegada de Hitler, su familia se vio obligada a emigrar a Inglaterra. Desde pequeño tuvo claro que quería ser artista. Estudió en la Dedham School of Arts and Crafts y posteriormente en el Goldsmith’s College de Londres. Su formación en el clima intelectual existencialista de la Europa de entreguerras le llevó a utilizar su pintura como instrumento de reflexión sobre la enajenación del hombre contemporáneo.


6.¨Escala: Escultura (1945 – 2000)
Fundación Juan March.
Del 31 de marzo al 2 de julio
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Una exposición centrada en la historia de la escultura contemporánea desde la idea de escala. Una muestra que amplía en el tiempo y en el espacio la muestra Medio siglo de escultura (1900-1945) que la fundación albergó en el año 1981.



7. Sorolla a través de la luz .
Palacio Real
Hasta junio de 2023.
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Un homenaje al genial pintor  con motivo del centenario de su muerte.

8. Guido Reni

 Hasta el 9 de Julio.

 09 julio guido reni prado

 El Museo del Prado inaugura una de las exposiciones más esperadas del año: la dedicada al pintor barroco boloñés Guido Reni, una figura decisiva en la evolución del arte de la época y un artista de enorme talento. La muestra permitirá ver por primera vez en España obras procedentes de otros puntos de Europa. Son piezas maestras como el 'Triunfo de Job', que actualmente se expone en la catedral de Nôtre-Dame de París; la 'Inmaculada Concepción' propiedad del MoMA de Nueva York; o 'Cleopatra', de la Royal Collection de Londres, entre otras. También se incluyen en la exposición obras pertenecientes a la pinacoteca madrileña, que han sido restauradas expresamente para la ocasión. La magnífica selección permite redescubrir a un artista maestro en la composición, la figura humana y el color, cuya influencia en el Barroco europeo supuso un impulso decisivo en el camino de la pintura europea hacia la modernidad.

10.  Retratos de Joaquín Sorolla (1863-1923)

 Museo del Prado

Hasta el 18 de Junio

En el año 2023 se cumple el centenario de la muerte de Joaquín Sorolla, uno de los pintores figurativos más importantes del arte español. Con motivo del aniversario, el Museo del Prado inaugura una muestra con una selección de 18 retratos procedentes de la colección de pinturas (32 en total) del artista atesoradas por la pinacoteca madrileña. En su primera juventud, Sorolla trabajó como ayudante del fotógrafo Antonio García; con él aprendió a mirar el entorno con atención, y a captar con profundidad a sus posteriores modelos. La exposición incluye también los dos retratos adquiridos por el Museo en 2022, Martín Rico y Manuel Bartolomé Cossío, y se complementa con las pinturas que se muestran en la colección permanente de las Salas 60A y 62A, anejas a las de la exposición. En estas salas se pueden contemplar una serie de retratos creados por artistas españoles del siglo XIX, entre ellos cuatro del propio Sorolla.


 Espacio de Arte Tíltide

C. Fernando el Católico, 28

    28015 Madrid.   

1 de abril de 2023

Pablo Palazuelo en la Fundación ICO.

 La línea como sueño de arquitectura.
Hasta el 7 de mayo.

La exposición se estructura en nueve ámbitos. En total, se exponen 12 obras y 12 proyectos, que abarcan desde la etapa formativa y las primeras influencias del artista, hasta sus diseños de mobiliario para el entorno doméstico o las grandes obras concebidas para la escala urbana, pasando por otras en las que el énfasis recae en referencias a laberintos, tránsitos, cerramientos, límites y vidrieras. Entre dibujos, croquis, acuarelas, maquetas y esculturas, custodiados por la Fundación Pablo Palazuelo, muchos de los cuales han permanecido inéditos hasta su catalogación por parte de los comisarios, se muestran  ahora por primera vez al público.


La tesis doctoral, Análisis de la geometría de Pablo Palazuelo desde la visión del arquitecto, defendida en la Universidad Politécnica de Madrid en 2015, sirve de base para el recorrido expositivo. En palabras de Sotelo, el método creativo de Palazuelo “guarda una asombrosa similitud con la metodología del proyecto arquitectónico, atravesando una serie de etapas gráficas que le conducían progresivamente desde los bocetos iniciales hasta los planos más definidos de materialización”. 

Este particular método le llevó, por ejemplo, a usar papeles de croquis, cuya transparencia le permitía superponer diferentes bocetos mientras desarrollaba sus obras, un sistema que aprendió en su formación inicial como arquitecto en la City of Oxford School of Arts and Crafts, donde estudió entre 1933 y 1936.



Pintor y escultor español (Madrid, 1916 - Galapagar, 2007), estudió arquitectura en Madrid y en el Royal Institute of British Architects de Oxford. Desde 1939 se dedicó exclusivamente a la pintura. Tras cultivar brevemente un estilo neocubista continuador dePicasso y Brake, comenzó a interesarse por la obra de escultores como  Naum Gabo y por la pintura de  Paul Klee que le influyó profundamente.

Sus primeros dibujos abstractos, fechados entre 1947 y 1948, se publicaron en revistas de poesía. Estas primeras realizaciones abstractas se basaban en la observación de estructuras naturales, tales como cristales de nieve, exámenes microscópicos de células o fotografías aéreas; la búsqueda de las estructuras geométricas y sus proporciones matemáticas caracterizaría la obra de Palazuelo a lo largo de toda su trayectoria. 

En 1948 se instaló en el Pabellón Español de la Ciudad Universitaria de París, becado por el Instituto Francés, donde coincidió con el escultor vasco Eduardo Chillida. Juntos conocieron a Bernard Dorival, conservador del Museo Nacional de Arte Moderno en el que Palazuelo realizaba un curso de litografía; Dorival les invitó a participar en el Salón de Mayo de ese año. Marguerite y Aimé Maeght, matrimonio de promotores de arte, admiraron sus pinturas y le incluyeron en la muestra Les mains éblouies, celebrada en su galería en 1950, donde también presentaría su primera exposición individual (1955), comenzando así su larga vinculación con esta sala. 

En 1954 comenzó a desarrollar una faceta escultórica que alcanzó su mejor momento en la década de los años 70. En 1969 regresó a España; se instaló unos años en los alrededores de Madrid (en el pueblo de Galapagar) y más tarde en Monroy (Cáceres). Allí realizó la serie Monroy, con la que comenzaba una nueva etapa en la que investigó sobre el paralelismo entre los signos gráficos y la música, por medio de un código geométrico.


Posteriormente regresó a Galapagar, donde estableció su estudio definitivo. Con el tiempo, su geometría fue adquiriendo mayor dinamismo y flexibilidad, y su ritmo se hizo más rápido: la fragmentación producida en la superficie genera toda una retícula de líneas rectas y quebradas y surge una estructura de cristalizaciones. Fue galardonado con la Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1982. En 2004 recibió el Premio Velázquez del Ministerio de Cultura español.




La exposición muestra por primera vez la carrera de este pintor, escultor y grabador español, máximo representante de la abstracción geométrica del siglo XX, a través de una selección de  estas obras y proyectos, que ilustran la intensa relación establecida entre la arquitectura y su producción artística, tanto pintura como escultura o grabado.



Fuentes:
https://www.biografiasyvidas.com/
https://www.fundacionico.es

Actividades Culturales Tíltide.
C. Fernando el Católico, 28
28015 Madrid.

31 de marzo de 2023

Francisco Pradilla, más que un pintor de historia (1884/1921).

Prorrogada hasta el 14 de mayo.                                

Francisco Pradilla y Ortiz (Zaragoza 1848,  Madrid, 1921) fue un pintor español, director de la Real Academia Española en Roma y del Museo del Prado.

Sin apenas estudios, Pradilla entró como aprendiz en el taller zaragozano del pintor y escenógrafo Mariano Pescador, quien le anima para que acuda a las clases de la Escuela de Bellas Artes de San Luis. Recomendado por su profesor, se trasladó a Madrid, donde combinó su trabajo como ayudante en el estudio de los escenógrafos Augusto Ferri y Jorge Busato, con la asistencia a las clases de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado, y estudió a los antiguos maestros en el Prado. Incitado por José Casado del Alisal, primer director de la Academia Española en Roma, que deseaba contar en la primera promoción de pensionados con las mejores promesas del panorama artístico español, optó a la pensión que consigue brillantemente,  siendo pensionado en la primera promoción en la Real Academia Española en Roma  junto a otros artistas, continuando después su estancia en Roma.

El trabajo correspondiente al tercer año de pensión le supuso un éxito rotundo. La obra titulada Doña Juana la Loca consiguió la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de 1878 y Medalla de Honor, ese mismo año. en la Sección Española de la Universal de París. Este sonoro triunfo le llevaría a recibir el encargo del Senado para la ejecución del cuadro La rendición de Granada, que si bien no resultó tan acertado como el anterior, su difusión le catapultaría a una fama internacional. 

La rendición de Granada, 1882.

Su nombramiento como director de la Academia de España en Roma, sustituyendo a Casado del Alisal, le hizo fijar su residencia en la Ciudad Eterna, donde, emulando a su admirado Fortuny, abrió un estudio al que acudían los más importantes coleccionistas y marchantes de Europa. Pero pronto se percató de que las obligaciones burocráticas y docentes que le exigía el cargo de director de la Academia, le apartaban de su verdadero interés por la pintura.

El abandono de numerosos encargos le llevó a presentar su renuncia ocho meses después del nombramiento. A pesar del desastre económico que le supuso la quiebra de la banca de Ricardo Villodas, donde tenía depositados sus ahorros, Pradilla siempre reconoció que esos diez años vividos en Italia, alternando su trabajo en Roma con los veranos pasados en las Lagunas Pontinas de Terracina, fueron los más felices de su vida. El nombramiento como director del Museo del Prado en 1896 y su obligado ­regreso a España, rompieron esa época feliz a la que nostálgicamente Pradilla regresaría a menudo.

La reina doña Juana la Loca en los adarves del castillo de la Mota, 1876,

Pintada a sus veintinueve años (1877), La reina doña Juana la Loca en los adarves del castillo de la Mota, significó, además de la inmediata fama internacional para el artista, la más soberbia plasmación plástica de un tema que obsesionaría al pintor durante toda su vida y que resume -quizá mejor que cualquier otra pintura histórica del antepasado siglo- todos los ingredientes del género, tanto desde el punto de vista formal como en su concepto. 

En efecto, el lienzo despliega la más bella visión romántica de la figura de la reina Juana I de Castilla (1479-1555); personaje en cuya historia se reunían, bajo la alta dignidad de su condición regia, aspectos tan especialmente atractivos para el espíritu decimonónico como la pasión arrebatadora de un amor no correspondido, la locura por desamor, los celos desmedidos... Ejecutado con la extraordinaria maestría plástica de que Pradilla hizo gala a lo largo de toda su vida, es sin duda alguna uno de los cuadros más cautivadores e impactantes del género; razones en las que reside buena parte de su bien merecida fama y del clamoroso éxito con que fue acogido en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878.

Detalle de la obra.

La joven reina centra la composición dominando poderosamente la escena: erguida en pie delante de su sencillo asiento de tijera cubierto por un almohadón. Viste traje de grueso terciopelo negro, ocultos sus cabellos con tocas, como corresponde a su condición de viuda. Con la mirada completamente enajenada, el perfil de su vientre acusa su avanzada gestación de la infanta Catalina de Austria (1507-1578), y muestra en su frágil y menuda mano izquierda las dos alianzas que testimonian su viudedad. Impasible al frío estremecedor del desolado paraje en que se ha detenido la comitiva, apenas sofocado por la improvisada hoguera prendida junto a ella, la soberana vela el féretro de su amado esposo, que había muerto el 25 de septiembre de 1506. 

El ataúd está adornado con las armas imperiales y colocado sobre unas simples parihuelas, cuyos asideros muestran el brillo de su desgaste por el uso, flanqueado en su cabecera por dos grandes velones mortuorios, a punto de apagarse por la fuerte ráfaga de viento que sopla en el paraje, levantando en la hoguera una gran humareda. Sentada junto al catafalco, una dueña joven, con un breviario abierto en su regazo, contempla vigilante a la reina con resignada paciencia, mientras un monje de hábito blanco, arrodillado a su lado, con su rostro barbado prácticamente cubierto por la capucha, lee en voz baja una plegaria empuñando un cirio. 

A la derecha de la reina, resguardados al calor del fuego y apostados junto al tronco desnudo de un árbol, los miembros de su Corte que la acompañan en tan fúnebre travesía descansan de su fatigado camino, reflejándose en sus rostros una mezcla de cansancio, aburrimiento y compasión por el desvarío de su soberana, a la que contemplan con expectación dos cortesanos en pie y otra de las damas, vestida con un lujoso traje brocado. 

Al fondo puede verse la silueta del monasterio, escenario de la ira de doña Juana al saberlo regentado por monjas, por eso no permite que descanse allí el cuerpo de su esposo; y en el extremo contrario aparece el resto de la comitiva regia, todavía formada, aproximándose al lugar bajo las luces del último atardecer, envuelto en un cielo completamente encapotado.

Pradilla demuestra en esta pintura su habilidad absolutamente maestra en la utilización escenográfica del espacio exterior y su sentido rítmico y perfectamente equilibrado de la composición, estructurada en aspa y envuelta en la atmosfera del paisaje abierto en que se desarrolla el episodio. Junto a ello, su puesta en escena está resuelta con un especial instinto decorativo en la representación de los diferentes elementos accesorios -huella todo ello de su formación juvenil junto al pintor escenógrafo Mariano Pescador-, así como en el tratamiento de las indumentarias y, sobre todo, de los elementos orográficos y atmosféricos que refuerzan la tensión emocional del argumento, subrayada por la intensidad expresiva de los personajes. 

Todo ello está interpretado con un realismo intenso, una ejecución  segura, atento al dibujo definido y riguroso pero de técnica libre, plenamente pictórica, con la que este maestro consiguió un lenguaje plástico enteramente personal, que llegaría a ser bautizado en la época como estilo Pradilla; reflejo en realidad del realismo vigente en el género histórico en toda Europa en el último cuarto del siglo, y que a partir de entonces siguieron incondicionalmente la mayoría de los pintores de historia de esos años.


La reina Doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas, con su hija, la infanta Doña Catalina.

Con posterioridad a la crisis del 98 hubo un resurgimiento muy específico de la pintura de historia, con un carácter casi de reconstrucción de ambientes del pasado. Pradilla era el artista más dotado para ello por su virtuosismo y logró plasmarlos de un modo sorprendentemente vivo en obras como La reina doña Juana la Loca, recluida en Tordesillas, con su hija, la infanta doña Catalina (del que existen dos versiones en el Prado de 1906 y 1907) y en el Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla (1910).

Tanto el lienzo de La rendición de Granada, que aquí aparece a continuación, como el de Doña Juana, de las imágenes anteriores, reflejan el máximo esplendor de la pintura de historia. Sus asuntos transcurren en el periodo de finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Esa época reproduce la mayor parte de la producción posterior del artista relacionada con el cuadro de historia.

La rendición de Granada, 1882.

Además de estas composiciones, Pradilla también tiene obras más pequeñas sobre la vida del pueblo, del tipo que realizó Mariano Fortuny. Un ejemplo de ello se encuentra Lavanderas (1887), en el que el artista realiza una escena costumbrista compuesta por un grupo de mujeres que se afanan en lavar la ropa en el campo, o en las escenas de marcado y fiestas,  muchos de ellos presentes en la exposición. 

Lavanderas 1887.

Los cuadros costumbristas tienen un objetivo muy claro: representar fielmente las escenas y costumbres de la sociedad de la época en un ámbito determinado. Su enfoque expresivo busca recoger, a través de un lienzo el comportamiento social y la estética de la población en un lugar y una época. Es lo que ocurre con estas jóvenes protagonista del lienzo que aparece a  continuación, titulada El Viernes Sa
nto en Madrid, ataviadas par asistir a una procesión.

El Viernes Santo en Madrid. 1914.



Y así,  la pintura de historia junto con paisajes, retratos, mitología y escenas poéticas, intimistas y costumbristas- nos demuestran que, si Pradilla supo crear el arquetipo histórico-legendario, fue también un pintor muy completo y polifacético, lo que aporta variedad e interés especial a esta muestra homenaje.

Mercado de Noya. 1889.

La exposición  se enmarca dentro de la conmemoración del centenario del fallecimiento del artista. Reúne 75 piezas, entre óleos, dibujos, acuarelas, como la impresionante acuarela elegida para el cartel  de la exposición, bocetos, cartas y fotografías que adentran al público en el polifacético universo del pintor.


Fuentes: 
museodelprado.com
dbe.rah.es 


Visita organizada y guiada por la Profesora Carmen Manso de Zúñiga (Lda. en Historia del Arte por la UCM).
Actividades Culturales Tíltide.
C. Fernando el Católico, 28
28015 Madrid.


14 de marzo de 2023

Vespiverso: una nueva serie de la Avispa Verde.

Vespiverso lo componen un conjunto de obras protagonizadas por seres fantásticos con nombre propio, inspiradas en las distintas series de obras realizadas por el dúo artístico La Avispa Verde.


Cada obra es diferente y presenta elementos variados que componen la escenografía en la que se integran nuestras enigmáticas protagonistas: unas avispas únicas dentro de su especie. Estos seres se inspiran en el mundo de la moda, del espectáculo, de las fiestas populares, del baile y la naturaleza.





La Avispa Verde  es un equipo formado por Sara Fernández, diseñadora e historiadora del Arte, y José Luis Fernández, artista plástico, para experimentar nuevos caminos de creación dentro del ámbito de la obra sobre papel. Utilizan para ello técnicas mixtas, mediante el empleo de diversos materiales que se integran en collages y los cuales se representan finalmente mediante la técnica de impresión digital seriada.  
Corte y confección a navaja.
La alucinación del Bloody Mary.



Cena de gala con guitarrista.

Marnie la ladrona

Las obras anteriores pertenecen a la primera de las series de La Avispa Verde titulada La atracción del Vintage. Todas inspiradas en la moda y otras creaciones.

Doce visiones inspiradas en la moda y otras creaciones.
A escena, la segunda de la series, ha sido realizada como una escenografía.
Aplausos.
 



















Polichinela.
                                              
Serpentina.
La nueva etapa  de La Avispa Verde la representa la serie 5, 6, 7 y 8. Está dedicada a la danza.

Características de la obra.
Edición limitada de obra gráfica  numerada y firmada por el autor (La Avispa Verde)
Papel 100% algodón.
En las medidas señaladas está incluido un margen  
de 5 o 6 cm. blanco para firma y numeración.
Todos se entregarán con el correspondiente certificado de autenticidad.  
Para tamaños mayores en edición de un solo ejemplar, personalizado. consultar precios.
Los gastos de envío no están incluidos en la siguiente relación de precios, en el caso de las compras on line. Forma de pago: transferencia bancaria o Bizum.
Precios de las obras de todas la series (sin enmarcar):  

35 € en tamaño 21 x 15 cm. 
 
85 € en tamaño 30 x 21 cm. 

170 € en tamaño  38 x 56 cm.

275  en tamaño 70 x 50 cm. 


Contacto: 
tiltide@gmail.com
Galería Tíltide: Fernando el Católico 28, 
28015 Madrid.
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