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20 de abril de 2018

Isabel Rawsthome: la pintora que solo existió en los cuadros de ellos.


André Derain. Retrato de Isabel.

Hay una mujer que está en los cuadros de todos ellos. Es la protagonista absoluta de la visión de los artistas que marcarán el siglo, los que cambiarán la historia del arte, de quienes hablarán los manuales y los renglones de las hazañas. La pintura se transforma con una sensibilidad inédita que da por muerta la tradicional manera de acercarse a mirar la realidad y ella está ahí. Siempre está ahí, durante tres décadas, en los retratos de Picasso, en los de Giacometti, en los de Derain y en los de Francis Bacon. Es Isabel Rawsthome, la pintora que solo existió en los cuadros de ellos.


Giacometti. "Isabel en el estudio".
Isabel nació en 1912, en el East End de Londres, pero se crió en Liverpool y muere en 1971, pocos años después de su amigo Giacometti. La familia se quedó en la ruina tras la temprana muerte de su padre, marinero. Isabel ganó una beca para la escuela de arte de la Royal Academy, pero sólo pudo estar seis meses, así que su formación la remató en el taller del escultor Jacob Epstein, donde se adoraba a Rodin.
Cuando Isabel llegó a París tenía 22 años y no abandonaría la ciudad hasta la entrada de los nazis en la ciudad, seis años después. Fue espía durante la Segunda Guerra Mundial y testigo del Golpe de Estado militar que provocó la Guerra Civil española. Ella estaba allí, en todas las salsas. Escribió una autobiografía que no llegó a publicar nunca (aunque terminó aflorando). Era un intento de rescatarse a sí misma, una manera de dejar huella.

Isabel pintada por Bacon.

Editó la revista Il Mondo Libero. Encontró a Francis Bacon y Lucian Freuden el Reino Unido, en 1944. Compartía trabajo con Dylan Thomas, fue amiga de Ian Fleming. A su vuelta a París, en 1945, volvió a unirse con Giacometti. Vivieron juntos, pero nunca se casaron. Fue amiga de Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, y novia de Georges Bataille. Una intensa vida de la que no han quedado más que referencias bibliográficas que en los retratos de sus amigos artistas. 


 Isabel por el fotografo Nigel Henderson, en Londres.


La obra de Isabel, de carácter expresionista, solo estuvo en poder de su familia y no se hizo una exposición hasta 1997.

Obra de Isabel Rawsthorne, Nureyev y Fonteyn, en la década de los sesenta.

Bailarina pintada por  Isabel Rawsthome,

Oleo de  Isabel Rawsthome,  "Pintando a Margot Fonteyn".


16 de abril de 2018

Pintoras surrealistas españolas. ( II)

REMEDIOS VARO
(España 1908 - México 1963)



En ella habitaba la magia, interpretaba los estados mentales de forma perfecta, los exponía en los lienzos y luego nos los mostraba. Sus conocimientos en medicina le otorgaban capacidades asombrosas. La medicina, la astronomía y el misticismo son algunos referentes que empañan su obra, donde documenta los estados mentales.

Mujer de procedencia española, hermosa. Que se comunicaba con los felinos.

Estuvo siempre fuertemente relacionada con los movimientos de vanguardia. Fue una de las principales exponentes del “surrealismo mexicano tardío” junto con Frida Kahlo y Leonora Carrington, a quien conoció en México y cuyo fuerte ascendiente artístico fue definitivo en la concepción estética de su obra.

Sus cuadros plantean preguntas que no tienen una respuesta específica, debido principalmente a lo familiares que le resultan al espectador, sobre todo debido a los elementos oníricos que componen cada pintura. 

La belleza en la obra de Varo comprende una amplia gama de elementos fantásticos, pero que a la vez también remiten a cierta tristeza e incluso a sensaciones sombrías, a pesar de no ser precisamente intimidantes. No obstante hay asomos poéticos que salen a relucir por medio de sus imágenes.


El Deseo, 1935
Desde pequeña, sintió la gran necesidad de expresarse para reflejar el mundo que la rodeaba, creando así un cosmos pictórico lleno de imaginación y poesía. Su padre, ingeniero hidráulico y libre pensador, fue quién introdujo a Remedios al mundo de la pintura. Desde muy pequeña aprendió a utilizar los instrumentos de su padre, dando muestras de su dominio en la perspectiva y el dibujo. Por motivación de su padre, ingresa a la Academia de San Fernando de Madrid a los 15 años (1924), convirtiéndose así en una de las primeras mujeres estudiantes. Al terminar sus estudios, en 1930, se casa con Gerardo Lizarrageside y deciden residir en Paris por un año, y al regreso (1932), se establecen en Barcelona, donde trabajan realizando dibujos publicitarios.

Ojos sobre la mesa, 1935

Gruta mágica, 1942

Vida extraña, 1945

Icono, 1945

Angustia, 1947


En 1935 Remedios Varo se separa de Gerardo y conoce a Esteban Francés, quien la introdujo al círculo de surrealistas formado por André Breton; al relacionarse con ellos integra el grupo Lógicofobista, es decir "opuestos a la lógica" que intentaba la representación externa de los estados internos del alma humana. 

De profundo espíritu pacifista, opta por el lado republicano; el poeta Péret se presenta en su casa para ayudar a los antifascistas, se enamora de ella y se instalan en París en 1937, permaneciendo ahí hasta la invasión nazi.



Alegoría del invierno, 1948

Cambio de tiempo, 1948

Valle de la Luna, 1950

Jardín del amor, 1951

Premonición, 1953

Revelación o El relojero, 1955

El flautista (1955) contrapone una vez más dos elementos que simbolizan la antítesis entre lo trascendental y lo efímero: la torre que se desmorona y la presencia del músico imperturbable.

Simpatía, 1955

En 1941 Varo y Péret llegan a México ayudados por Varian Fry, un americano. Gracias a la política de Cárdenas los refugiados recibieron inmediatamente asilo y permiso para laborar. Remedios, para ganarse la vida, realizo toda clase de trabajos artesanales.

En 1955 presenta su primera exposición colectiva en la Galería Diana presentando cuatro cuadros: Roulotte, Simpatía, El alquimista y Música Solar. Al año siguiente presenta su primera exposición individual en la cual logra reunir diez y seis cuadros para su segunda exposición individual en la Galería Juan Martín en el año 1962.

Armonía, 1956

Cazadora de astros, 1956

Vuelo mágico, 1956

Tres destinos, 1956

Taller para damas, 1957

El pobre, 1958

El rico, 1958

El rey, 1958

Encuentro, 1959

Exploración de las fuentes del río Orinoco, 1959

"Apártalos que voy de paso". 1959

Remedios Varo muere de un paro cardíaco el 8 de Octubre de 1963, en México. En 1964, es objeto de un homenaje póstumo en el Palacio de Bellas Artes, en el cual recibe más de 50 mil visitantes. Posteriormente, dos exposiciones individuales, una en 1971 y otra en 1983, se llevan a cabo en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México.

Remedios Varo era una figura del primer orden de surrealistas.

Ella rechazaba representaciones de la mujer impuesta por los hombres del movimiento surrealista, como Dalí y Bellmer, porque representaban la mujer como un objeto de deseo de los hombres.

Ella pintaba la mujer en la perspectiva de su propia experiencia.


Ramo floral con pájaros, 1960

Ascensión al monte análogo, 1960

Retrato de Juan Martín, 1960

Bordando el manto terrestre, 1961

Planta insúmisa, 1961

Banqueros en acción, 1962

As del volante, 1962

Arquitectura vegetal, 1962

Aurora, 1962

Tránsito en espiral, 1962

Los amantes, 1963

Naturaleza muerta resucitando, 1963

Locomoción acuática, 1963

En sus pinturas no hay representaciones fálicas e imágenes de alucinación que estaban presente en las obras de los hombres del movimiento surrealista. Varo pone énfasis en las fuentes de la realidad y de los sueños, del consciente y del inconsciente, del pasado y del presente. Estamos en un viaje hacia el interior de la conciencia femenina cuando miramos sus obras. 

Fuentes:
http://remedios-varo.com/

https://elrincondemisdesvarios.blogspot.com.es/search?q=remedios+varo

11 de abril de 2018

Las mejores EXPOSICIONES TEMPORALES en Madrid.

En esta primavera de 2018.

Las mejores exposiciones  temporales en Madrid.


En el Museo Reina Sofía de Madrid 
Hasta el 7 de mayo.


La muestra, "Pessoa. Todo arte es una forma de literatura", toma su título de una de las citas utilizadas por el genio luso a través de uno de sus múltiples heterónimos, Álvaro de Campos.
Recoge no solo poemas, sino también cuadros y revistas de la época del autor.
Para la exposición se han traído más de 50 obras de la Fundación Calouste Gulbenkian, en una coproducción realizada por las instituciones españolas y portuguesas:
"Tienen una figura que no tiene ningún otro país, que es Pessoa. Pessoa con su idea de los heterónimos, con su idea de la alteridad, Pessoa con la idea de la divergencia, con la idea de que se tiene que romper con la idea centro-periferia y que todo arte debe ser distinto", explicaba el director del Reina Sofía, Manuel Borja-Ville.
Paulismo, Interseccionismo o Sensacionismo son algunos de los términos acuñados por el poeta en sus numerosos textos y que vertebran la especificidad de la modernidad portuguesa y la vanguardia personal a la que se adscribe nuestro autor.

 Esta exposición recurre a esos ismos para articular un relato visual de esta escena lusa, reuniendo para ello una selección de obras de José de Almada Negreiros, Amadeo de Souza-Cardoso, Eduardo Viana, Sarah Affonso o Júlio, entre otros, relacionadas con las principales corrientes estéticas portuguesas desde comienzos del siglo XX hasta 1935. Dichas corrientes acusaron la inevitable influencia de las tendencias europeas dominantes, pero trataron sin embargo de distanciarse de ellas. Distintos escritos de Pessoa dan cuenta del lugar particular de estos ismos de su cosecha, así como de su carácter distintivo dentro del contexto europeo con alusiones explícitas, por ejemplo, a las diferencias entre el Futurismo y el Interseccionismo. Por otro lado, varias de estas obras reflejan un gusto por lo popular y la idiosincrasia lusa que aparece tanto en el trabajo de los artistas portugueses que viajaron a París, como en el de los extranjeros que decidieron pasar una temporada en tierras portuguesas, caso de Sonia y Robert Delaunay. 


La muestra dedica también una especial atención a las revistas publicadas durante este periodo, como A Águia, Orpheu, K4 O Quadrado Azul, Portugal Futurista o presença, en las que aparecieron algunos de los textos de Pessoa y que actuaron como caja de resonancia de estas ideas de vanguardia, ejerciendo una gran influencia estética e ideológica en la intelectualidad portuguesa de la primera mitad del siglo XX.




        


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Vuelve Sorolla al Thyssen y a su Casa-Museo 

Hasta el 27 de mayo de 2018

El Museo Sorolla y el Museo Thyssen-Bornemisza organizan conjuntamente una exposición dedicada a la presencia de la moda en la obra de Joaquín Sorolla que tendrá lugar, simultáneamente, en ambas sedes.
Gran amante de la moda, Sorolla es el cronista perfecto de los cambios en las tendencias y estilo de la indumentaria de finales del siglo XIX y principios del XX: Sus cuadros reúnen un evocador catálogo de vestidos, joyas y complementos realzados por su trazo suelto y vigoroso.




La muestra reunirá en torno a setenta pinturas, procedentes de museos y colecciones privadas  nacionales e internacionales y algunas de ellas nunca expuestas públicamente, junto a una selección de complementos y vestidos de la época.

Las obras de la exposición son un evocador catálogo de vestidos, joyas y complementos de un momento de nuestra historia, realzados por el trazo suelto y vigoroso de Sorolla. La muestra prestará especial atención a los magníficos retratos femeninos que el pintor realizó entre los años 1890 y 1920.

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Andy Warhol en CaixaForum Madrid.

Hasta el 6 de mayo.

Warhol. El Arte mecánico  es el título de la exposición, para la que se se han seleccionado obras y documentación variada que sirven de ejemplo a los momentos centrales de tres décadas de actividad creadora del artista, que empezó siendo  un joven diseñador gráfico, durante la década de los 50, y llegó a ser una figura mundial de arte pop, mito icónico de los ochenta.



Su autorepresenetación  se convierte, en la exposición, en una pieza más e importante de su repertorio artístico: una construcción elaborada, posiblemente la más misteriosa y enigmática, por ser tan diferente la que exponía públicamente de la real. ¿Dónde radicaba su verdadera personalidad, su verdadera creencia?





Las propuestas creativas de Warhol expresan una visión mundo  que no se conocían hasta ese momento: La individualidad, como fórmula de vida moderna, implicaba la imposición social de cierta frialdad frente a lo personal y de una objetividad asociada al distanciamiento de una forma de vida que exige sumisión al orden establecido.

Pero al mismo tiempo, y paradógicamente,  esta nueva forma de ver la realidad, lleva la artista a interpretar el mundo  haciendo caso a su impulso personal. Reclamando prioridad para la visión y la emoción propias.



Como Breton o Dalí en la década de los 30, Warhol añadirá a las listas de nuevas herramientas creativas, el fotomatón y la máquina fotográfica; además de usar el proyector de dipositivas, la cámara cinematográfica, la polaroid... Llega incluso a experimentar con los pioneros ordenadores Commodore.

En 1974, para una exposición celebrada en París,  Warhol seleccionó una única imagen de lider comunista chino, Mao Zedong,  partiendo de la visita de Nixon a China (1972). Colgó docenas de pinturas de diversos tamaños, sobre un papel pintado con el retrato repetido de Mao.  Como vemos, el artista aplica toques cosméticos en los labios, en la mejillas y en los párpados, quizás caricaturizando la propaganda política y neutralizando el tono de fuerza masculina, en una parodia política, en la que Mao forma parte de la libertad artística, y el espíritu de los valores estadounidenses.


                       

Quizá, la búsqueda de la originalidad diferenciadora se encuentra, en el caso de este artista, en la labor de perpetua y rutinaria creación del mundo que le rodea: latas de sopa, animales, cajas de jabón, personajes controvertidos... tratados con la frialdad de la últimas técnicas mecánicas.

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Desde el 1 de febrero y hasta el 6 de mayo,
en la Fundación MAPFRE Recoletos  se presenta una exposición que explora la amistad de tres grandes artistas del siglo XX: 
André Derain (1880-1954), Balthus (Balthasar Klossowski) (1908-2001) y Alberto Giacometti(1901-1966). 







Las miradas de estos tres artistas, nunca antes confrontadas, coinciden en la misma exigencia de lo que debe ser la obra de arte. Mucho más allá de la admiración mutua y el sincero afecto que les unieron durante toda su vida, la profunda comunidad estética que existe entre ellos es el hilo conductor de la exposición.

Bodegón de Derain, La  mesa puesta.
Oleo sobre lienzo de 1922.


La muestra, con cerca de 240 obras, cuenta con el generoso apoyo de numerosas colecciones particulares e instituciones internacionales entre las que destacan la Fondation Giacometti, París; Musées d’Orsay y de l’Orangerie, París; Albright Knox Art Gallery, Buffalo; Minneapolis Institute of Art; The Pierre and Tana Matisse Foundation, Nueva York; Hirshhorn Museum and Sculpture Garden, Washington D.C.; Musée Picasso, Antibes; Musée National Picasso, París; Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris; Tate, Londres; Fondation Beyeler, Basilea o Kunsthaus, Zúrich.
Esta exposición, concebida por el Musée d'Art Moderne de la Ville de Paris, Paris Musées, se ha organizado con Fundación MAPFRE. Comisariada por Jacqueline Munck, Conservadora Jefe del Musée d’Art moderne de la Ville de Paris.

Andre Derain
Isabel Lambert, 1935-1939, Óleo sobre lienzo.




Dibujos de Rosario Weiss en la BIBLIOTECA NACIONAL




Del 31 de enero al 22 de abril de 2018

La Biblioteca Nacional de España, en colaboración con el Museo Lázaro Galdiano y el Centro de Estudios Europa Hispánica (CEEH), inauguraró el 31 de enero la exposición Dibujos de Rosario Weiss (1814-1843), que estará abierta al público hasta el 22 de abril.
La muestra presenta más de un centenar de obras de Rosario Weiss Zorrilla (Madrid, 1814-1843), en especial dibujos, entre los que destacan los retratos de Francisco de GoyaRamón Mesonero RomanosGuillermo WeissEl marqués de BenalúaLos hermanos Velluti o Una dama de Burdeos, además de numerosos paisajes. El público podrá ver asimismo una veintena de litografías, como AutorretratoEl Genio de la LibertadEsproncedaLarra o Zorrilla, y algunas de sus pinturas, entre ellas Francisco de GoyaLos duques de San Fernando o Ángel custodio.
Este conjunto refleja el trabajo de una dibujante excepcional, conocida sobre todo por su relación con Francisco de Goya (1746-1828). Así, a las piezas anteriores se unen dibujos que el pintor hizo para el aprendizaje de Weiss, como Mendigo, Dromedario y Pantera.
La exposición, comisariada por Carlos Sánchez Díez, del departamento de conservación del Museo Lázaro Galdiano, reúne piezas de esta institución, de la BNE, la Bibliothèque municipale de Bordeaux, el Museo del Prado, el Museo del Romanticismo y colecciones privadas, así como de otros museos e instituciones públicas españolas.

Rosario Weiss vivió con su madre, Leocadia Zorrilla, y Goya en la Quinta del Sordo entre 1820 y 1824, y desde el otoño de 1824 en Burdeos, donde la familia permaneció hasta su regreso a Madrid en 1833. Comenzó a dibujar gracias a los esbozos que el pintor aragonés hacía para que ella los copiara o completara hasta que, hacia 1825, entró en la escuela pública de dibujo que Pierre Lacour (1778-1859) dirigía en Burdeos, donde recibió instrucción académica. Su formación francesa atemperó la expresividad de sus primeros pasos junto a Goya, dirigiéndolos hacia el trazo preciso, limpio y ordenado que entonces predominaba en Francia, a la manera de Ingres.
En Madrid, Rosario Weiss adaptó su estilo al romanticismo hispano con éxito y desarrolló una breve pero intensa carrera profesional. Compaginó la copia de pinturas de grandes maestros, muy demandadas entonces, con la realización de retratos a lápiz de escritores y personajes de la burguesía liberal, en su mayoría socios como ella del Liceo Artístico y Literario. También dibujó del natural apuntes de plantas y árboles, además de paisajes idealizados con castillos, lagos o ruinas. Fue una excelente litógrafa, técnica que aprendió durante su etapa en Burdeos y que siguió practicando en Madrid. 
Weiss fue una de las pocas mujeres que ingresó, como académica de mérito por la pintura de historia, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. El 18 de enero de 1842 alcanzó su máximo reconocimiento cuando la designaron para el cargo de maestra de dibujo de Isabel II y de su hermana la infanta Luisa Fernanda, que desempeñó durante muy poco tiempo, pues murió de cólera el 31 de julio de 1843.


Esta exposición reúne obras de la Biblioteca Nacional, del Museo Lázaro Galdiano, de la Bibliothèque de Bordeaux, del Museo del Prado, del Museo del Romanticismo y de colecciones privadas, junto a piezas de otros museos e instituciones públicas españolas.


http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2018/rosarioweissdibujos.html

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Mariano Fortuny en el Museo del Prado

Hasta marzo del 2018

Dentro de la línea de actuación iniciada hace ya varios años en la revisión de los grandes maestros de la pintura española del siglo XIX, el Museo del Prado presenta la gran exposición antológica “Fortuny (1838-1874)”patrocinada por la Fundación AXA y con la colaboración especial del Museo Fortuny de Venecia y el Museu Nacional d´Art de Catalunya.

Dedicada a uno de los artistas españoles del siglo XIX que ha gozado hasta nuestros días de una valoración más sostenida de su arte y de una mayor repercusión internacional, destacándose entre las figuras capitales del arte español de todos los tiempos, la exposición podrá visitarse en las salas A y B del edificio Jerónimos del 21 de noviembre de 2017 al 18 de marzo de 2018.

Aunque la figura de Fortuny ha sido celebrada desde antiguo por parte de la bibliografía especializada y a través de las numerosas exposiciones e iniciativas de diversa calidad e interés que se le han dedicado en las últimas décadas, su talla como artista y su profundo arraigo con la más genuina tradición de la gran escuela española argumentan la atención del Prado hacia este gran maestro  con la misma ambición y envergadura que viene dedicando a los pintores más sobresalientes que integran sus colecciones.

La exposición, comisariada por Javier Barón, jefe de Conservación de pintura del siglo XIX, se estructura en un recorrido articulado de forma cronológica por las aportaciones de Fortuny como pintor, acuarelista, dibujante y grabador. Junto a ellas se exhiben ejemplos de la extraordinaria colección de antigüedades que atesoraba en su atelier: preciosos objetos, algunos de ellos conservados hoy en las más importantes colecciones arqueológicas del mundo, que demuestran su interés por la observación detenida y explican el extremado refinamiento en la captación de las calidades, el color y la luz en sus propias creaciones artísticas y el asombroso virtuosismo de sus obra, que extendieron rápidamente su fama entre los grandes coleccionistas de Europa y Estados Unidos.

La Formación en Roma

La primera sección de la exposición, dedicada a su formación en Roma, incluye ya ejemplos de madurez tanto en sus academias a lápiz como en sus trabajos a la acuarela (Il contino) y al óleo (Odalisca). Si bien se trasladó a África para pintar los episodios de la guerra hispanomarroquí (La batalla de Wad-Ras), le atrajeron en cambio los tipos árabes y sus costumbres (Fantasía árabe), que nutrirían toda su carrera posterior y confirieron singularidad a su aportación al orientalismo europeo.

Entre 1863 y 1868 abordó el retrato (Mirope Savati, no expuesto antes en Europa), el gran cuadro decorativo (La reina María Cristina y su hija la reina Isabel pasando revista a las baterías de artillería, mostrado ahora en su posición original) y las copias de maestros del Prado (el Greco, Ribera, Velázquez y Goya), que contribuyeron a dar a su arte mayor profundidad y alcance. Su obra triunfó en los años finales de la década de 1860 a través de óleos y acuarelas de motivos del siglo XVIII (El aficionado a las estampas La vicaría) y árabes (Jefe árabe, Un marroquí, El vendedor de tapices, Calle de Tánger El fumador de opio). Esta última vertiente tuvo un desarrollo especial durante su estancia en Granada entre 1870 y 1872. Allí también abordó escenas de género en marcos arquitectónicos compuestos (Pasatiempos de hijosdalgos, Almuerzo en la Alhambra Ayuntamiento viejo de Granada). La mayor novedad deriva de sus trabajos del natural ante objetos, figuras (Viejo desnudo al sol), jardines y paisajes tanto al óleo como a la acuarela, la tinta y el lápiz. Obras como La Carrera del Darro, nunca vista fuera del British Museum, revelan su capacidad para la captación del ambiente con un color nuevo y fresco.

De vuelta a Roma, en 1873 trató los temas árabes con una ejecución más sintética (Árabe apoyado en un tapiz Fantasía árabe ante la puerta de Tánger), atendió a la vida cotidiana en Carnaval en el corso romano y en 1874 finalizó cuadros de género iniciados antes, como La elección de la modelo. En ese año una estancia en Portici supuso una inmersión en la naturaleza que le hizo plenamente consciente del color local y de las sombras coloreadas en sus pinturas de desnudos de niños en la playa, de los que se incluye un grupo de cuatro, dos de ellos inéditos, y en sus paisajes, como Calle de Granatello en Portici Paisaje napolitano, recién adquirido por el Prado. Su trabajo a la acuarela dio entonces sus mejores frutos en los dos ejemplos de Paisaje de Portici –uno presentado por vez primera– y en sus retratos de Cecilia de Madrazo y Emma Zaragoza.

Grandes instituciones de todo el mundo han permitido que esta muestra pueda celebrarse del mejor modo. Singular relevancia, por la amplitud de su préstamo, ha tenido la especial colaboración del Museo Fortuny de Venecia y del Museu Nacional d’Art de Catalunya.


La formación en Roma (1858-61)

Arena con línea de montaña. Marruecos
Fortuny y Marsal, Mariano


África y el descubrimiento de la pintura (1860 y 1862)


La Batalla de Wad-Rass (Episodio de la guerra de África)
Fortuny y Marsal, Mariano
1860 - 1861. Óleo sobre papel pegado en cartón, 54 x 185 cm.
Museo Nacional del Prado

                               Entre España e Italia

La Diputación de Barcelona encargó a Fortuny que viajara a Marruecos con el fin de recopilar información gráfica para elaborar después cuadros que representaran las gestas más destacadas de la guerra hispano-marroquí, en la que participaron tropas de voluntarios catalanes. En Marruecos a partir de febrero de 1860, además de seguir la campaña, que le llevó a presenciar, y luego a pintar, La batalla de Wad-Ras, el pintor se sintió atraído por las costumbres y los tipos árabes. Volvió en 1862 y tomó numerosos apuntes con el fin de representar para la Diputación La batalla de Tetuán, cuadro de grandes dimensiones que no llegó a terminar.

El descubrimiento de los espacios desnudos, la luz intensa y el color brillante del norte de África produjo un cambio radical en su pintura. Este es visible tanto en sus obras hechas del natural como en las realizadas en su estudio a partir de apuntes, de su recuerdo y de su imaginación. En estas últimas abordó con originalidad los aspectos de la vida árabe que por su pintoresquismo o por su misterio le habían interesado.                                                                        



























Entre España e Italia (1863-68)
Fantasía sobre Fausto




El triunfo internacional (1868-70)
La elección de la modelo



Granada (1870-72)
Ayuntamiento viejo de Granada.La

Los últimos años (1873-74)

La preparación de esta exposición ha tenido como base el estudio riguroso de diferentes archivos documentales, nunca antes explorados de manera sistemática. Uno de ellos, adquirido por el Museo del Prado, ha dado lugar a dos publicaciones complementarias, posibles gracias al mecenazgo de la Fundación María Cristina Masaveu Peterson: 
El tomo I del Epistolario del Archivo Madrazo en el Museo del Prado y 
la biografía Cecilia de Madrazo, luz y memoria de Mariano Fortuny

https://www.museodelprado.es/actualidad/exposiciones
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La obra de Giorgio de Chirico en CaixaForum
Hasta el 28 de Febrero de 2018


La obra de Giorgio de Chirico (Volos, 1888 - Roma, 1978) se caracteriza por una incesante investigación en diferentes planos: desde su periodo metafísico inicial, en la década de 1910, el trabajo por el que más se le conoce, en el que muestra su personal transformación del arte clásico mediante sus enigmáticas piazzas de arquitectura renacentista, pasando por los temas iconográficos de las décadas de 1920 y 1930, sus investigaciones técnicas sobre la pintura de los grandes maestros durante la década de 1940, hasta su periodo neometafísico entre 1968 y 1976.

              

Esta exposición recorre las principales fases creativas de Giorgio de Chirico y retrata la continua investigación de la idea artística, marcada por una constante búsqueda en el plano iconográfico y simbólico capaz de crear una continuidad de la tradición artística italiana en el arte. Este empeño de continuidad fue uno de los elementos que determinó su posición destacada en el arte internacional, sobre todo en su influencia en el movimiento surrealista y en otros grandes artistas y escritores de la primera mitad del siglo XX.



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En la Residencia de estudiantes

Poetas del cuerpo. La danza en la Edad de Plata.
En la Residencia de Estudiantes
Hasta el 1 de abril de 2018.

Eran años de constante investigación artística y la danza no fue una excepción. Picasso. Miró, Zuloaga, Falla, Lorca, Alberti... se mezclaron con figuras como Antonia Mercé: La Argentina, Tórtola Valencia o Vicente Escudero que encontraron en los escenarios un espacio de libertad para experimentar con las estéticas de Vanguardia.




En la exposición se incluyen fotografías, óleos, escenografías, trajes, partituras y vídeos inéditos que reflejan el protagonismo que la danza adquirió en España en aquel momento y también su gran proyección  internacional.





El relato se inicia en la bisagra de los siglos XIX y XX, para situar al visitante en el panorama cultural en el que se imbricaba la danza clásica y académica del Teatro Real y el Liceo, así como otro tipo de vertientes escénicas, desde las variedades hasta el flamenco de los cafés cantantes. 

La exposición está estructurada en cuatro grandes ámbitos, que responden a criterios cronológicos:

1. Una danza nueva
2. Los años de esplendor
3. La danza en la Residencia de Estudiantes.
4. Un legado tras la Guerra Civil.




La llegada en 1916 de los Ballets Russes de Diaghilev en la primera de sus giras por España constituiría un punto de inflexión en la historia de la danza, sirviendo de modelo colaborativo entre bailarines, literatos, músicos y pintores. La circulación de otras compañías extranjeras y las nuevas propuestas ofrecidas por creadores e intelectuales españoles fueron el revulsivo necesario para el inicio de una danza nueva a mediados de los años veinte. 




Aunque en 1925 el cierre del Teatro Real afectó negativamente a la evolución de la danza clásica, que hubo de sobrevivir en otros escenarios y academias, el estreno en París de la versión para ballet de "El amor brujo" de Falla por Antonia Mercé, la Argentina, avanzaba las amplias perspectivas que su futura compañía abriría hacia el final de la década. Al igual que sus Ballets Espagnols, los estrenos de Vicente Escudero, Teresina Boronat o Joan Magrinyà lograron grandes éxitos con la colaboración de poetas, compositores y artistas visuales.





La muestra, además, dirige el foco hacia la presencia de la danza en el contexto del institucionismo y la Residencia de Estudiantes. En sus grupos femenino y masculino la danza moderna se incluyó en sus programas académicos, mientras que su vertiente española estuvo presente en actividades y proyectos desarrollados por los círculos de residentes. La amistad de Federico García Lorca y Encarnación López, la Argentinita, la representación de la versión de "El amor brujo" de la Compañía de Bailes Españoles o el proyecto frustrado del estreno de Clavileño, concebido por Maruja Mallo y Rodolfo Halffter, son algunos de los ejemplos de la memoria de aquellas danzas que habitaron los espacios de la Residencia.

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https://www.youtube.com/watch?v=5r0JAx8bDag

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Picasso y Lautrec en el Museo Thyssen.

Hasta el 21 de enero de 2018.





El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza presenta Picasso/Lautrec, la primera exposición monográfica dedicada a la comparación de estos dos grandes maestros de la modernidad. Aunque su relación artística ha sido reiteradamente establecida por la literatura y la crítica contemporánea esta es la primera vez que se confronta la obra de ambos en una muestra. La exposición plantea además nuevos puntos de vista de esta apasionante relación, pues no se limita al tópico del joven Picasso admirador de Lautrec en Barcelona y sus primeros años en París, sino que ha rastreado la pervivencia de esa huella a lo largo de la dilatada trayectoria del artista español, abarcando también su periodo final.
Comisariada por el profesor  Francisco Calvo Serraller, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, y Paloma  Alarcó,  jefe  de  conservación  de  Pintura  Moderna  del  Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Picasso/Lautrec reúne más de un centenar de obras, procedentes de unas sesenta colecciones públicas y privadas de todo el mundo, organizadas en torno a los temas que interesaron a ambos artistas: los retratos caricaturescos, el mundo nocturno de los cafés, cabarets, teatros, la cruda realidad de los seres marginales, el espectáculo del circo o el universo erótico de los burdeles.


Henri de Toulouse-Lautrec murió en 1901, con 37 años. Desde los 15 fue un enano lisiado y deforme. Dos accidentes ecuestres lo redujeron a la impotencia social y lo empujaron al arte, con el que supo devolver el brillo al deslustrado escudo familiar. Tristemente para su aristocrática parentela, perteneció a una generación de artistas convencida de que la representación plástica del mundo debía cambiar tan rápidamente como él. Esto le indujo a prestar menos atención a las cosas aceptadas que a aquellas otras limítrofes con lo conveniente o claramente censuradas por la sociedad: burdeles, garitos nocturnos... Aunque sus dibujos y pasteles rezuman ironía y sarcasmo, su mirada revela también admiración por quienes, huyendo de formalismos, consiguen extraerle el jugo a la vida.
Toulouse-Lautrec fue el cronista del París cosmopolita de finales del XIX y también uno de los creadores del arte moderno. No era un observador omnisciente que contempla desde fuera, sino un espectador integrado en la narración. Esto le permitió captar con extraordinaria fidelidad la efervescencia y el hedonismo desatado de la época e incorporar al gran arte motivos extraídos de los ambientes marginales y la vida bohemia. La distinción entre alta cultura y cultura popular comenzó a borrarse entonces, dando la razón a quienes afirman que Montmartre, centro del entretenimiento nocturno de París, hizo por la igualdad de clases mucho más que cualquier revolución.
La pelirroja con blusa balnca. Laotrec.
Picasso, del que se ha dicho que no fue un artista, sino una fuerza de la naturaleza, llegó a París desde Barcelona en octubre de 1900 ansioso por visitar tales ambientes. Asimiló toda la tradición pictórica, desde lo más profundo a la Vanguardia. Lamentablemente, a Toulouse-Lautrec le quedaba menos de un año de vida. No tuvieron oportunidad de conocerse. El malagueño estaba familiarizado con su obra por las revistas ilustradas y seguramente habría entablado con gusto relación con él. Aquel aristócrata sarcástico aficionado al igual que él a los placeres de la existencia («Uno es horrible -decía sin complejos- pero la vida es hermosa»), tenía todo para despertar su interés. De hecho, tomó de él cuanto pudo. A fin de cuentas, la capacidad de absorción fue uno de los rasgos característicos de su genio.
En 1899, el joven Picasso se vincula a Els Quatre Gats, grupo de escritores y artistas de la vanguardia de Barcelona cercanos al modernismo y al decadentismo e influidos, entre otros, por Toulouse-Lautrec. Pero será entre 1900 y 1904, años en los que el pintor español reside intermitentemente en París antes de instalarse allí de forma definitiva, cuando entraría en contacto directo con la obra de los pintores postimpresionistas como Lautrec. 
Durante esos años, su temática se centra en los bajos fondos de la ciudad y en los ambientes nocturnos de los cafés-concierto y, como podrá verse en la exposición, su pintura experimenta una influencia evidente de la obra de Lautrec.  



















http://www.abc.es/cultura/cultural/abci-picasso-lautrec-supremacia-instinto.

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Ignacio Zuloaga

Hasta el 7 de ENERO en la FUNDACION MAPFRE.

La exposición en Madrid de Ignacio Zuloaga en el París de la Belle Époque pretende ofrecer una imagen de la obra del pintor de Eibar poco habitual en España. Sin obviar la interpretación tradicional que le une al tópico de la España negra, el recorrido expositivo excede esta concepción y muestra cómo la pintura de Zuloaga (Éibar, 1870-Madrid, 1945) combina un profundo sentido de la tradición con una visión plenamente moderna, especialmente ligada al París de la Belle Époque y al contexto simbolista en el que el pintor se mueve por aquellos años.
Para poder contar esta visión del pintor Ignacio Zuloaga es necesario situar su obra junto a la producción de otros artistas contemporáneos como Paul Gauguin, Paul Sérusier, Pablo Picasso, Francisco Durrio, Santiago Rusiñol, Maurice Denis, Émile Bernard, Giovanni Boldini, Jacques Émile Blanche o el escultor Auguste Rodin, entre otros. La muestra, con más de 90 obras, ha contado con más de 40 prestadores, entre colecciones particulares nacionales e internacionales además de la propia familia Zuloaga, e instituciones como la Galleria Internazionale d’Arte Moderna di Ca’ Pesaro, Venecia; Museum of Fine Arts, Boston; Musée d’Orsay, París; Musée national Picasso, París; Musée Rodin, París; Museo de Bellas Artes de Bilbao; National Gallery of Art, Washington D.C.; The State Hermitage Museum, San Petersburgo o The State Pushkin Museum of Fine Arts, Moscú.
Ignacio Zuloaga 
Retrato de la condesa Mathieu de Noailles, 1913. Museo de Bellas Artes de Bilbao .

En 1889, con tan solo 19 años, Ignacio Zuloaga llega a París, por entonces capital mundial del arte moderno. En pintor encuentra una ciudad en plena ebullición cultural, en la que se dan cita las más innovadoras tendencias y en la que pintores, escultores, y escritores experimentan con nuevos lenguajes artísticos que conducirían hacia la modernidad.
El pintor participa activamente de este París de fin de siglo. Al poco de llegar, entra en contacto con Paul Gauguin, Henri de Toulouse-Lautrec, Edgar Degas o Jacques-Émile Blanche y presenta sus obras en los principales salones y galerías parisinos. Asimismo, su obra refleja la influencia de algunos de los movimientos artísticos en boga, como el simbolismo.
La experiencia parisina del pintor Ignacio Zuloaga es fundamental para entender su obra, pues su pintura, a medio camino entre la cultura francesa y la española, excede con mucho los límites que la historiografía tradicional del arte ha establecido, asociando Zuloaga a la generación del 98 y por lo tanto a la conocida como “España negra”, una España de la tragedia, de lo hondo e incomprensible. No obstante, críticos como Charles Morice o Arsène Alexandre, poetas como Rainer Maria Rilke, y artistas como Émile Bernard o Auguste Rodin consideraron la obra del pintor vasco como un referente para el arte moderno.
Fue en este París brillante y dinámico, el anterior a la contienda, centro del gusto artístico y literario, en el que Zuloaga brilló con luz propia, en un camino paralelo y comparable al de muchos de los mejores artistas del momento. Estos años tendrán su punto y final en 1914, no tanto por la trayectoria del propio Zuloaga, que una vez encontrada su propia voz y su lugar en el escenario internacional, seguirá trabajando dentro de unos mismos planteamientos, sino porque el París y la Europa, de antes y de después de la Gran Guerra serán completamente distintos.
/www.fundacionmapfre.or

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